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Ariel con sabor norteño

Ariel con sabor norteño
Connie Martínez y Christian Galindo, ganadores del Ariel a Mejor Diseño de Arte. Foto: Vanguardia

La coahuilense Connie Martínez y Christian Galindo ganaron el Ariel a Mejor Diseño de Arte por Autos, mota y rocanrol, un trabajo que los llevó a reconstruir el Festival de Avándaro y recuperar los pequeños detalles del México de 1971.

HUMBERTO VÁZQUEZ 

Reconstruir uno de los episodios más emblemáticos de la contracultura mexicana llevó a Connie Martínez y Christian Galindo hasta el Ariel. La dupla ganó el premio a Mejor diseño de arte por Autos, mota y rocanrol, dirigida por José Manuel Cravioto.

“Nos sentimos muy, muy honrados. Fue algo increíble. Esta noche, la verdad, nunca la vamos a olvidar” –comentaron en exclusiva a esta casa editorial momentos después de recibir la estatuilla. Para ambos, el premio tiene además un significado especial: reconocer el trabajo realizado desde el cine independiente.

“Es una película que hicimos con mucho esfuerzo, con amigos” –señalaron. Y aunque bromearon con que el Ariel “pesa, pesa”, destacaron que su verdadero valor está en el reconocimiento de sus propios compañeros de la industria: “Creo que es el sueño de una gran mayoría de las personas que estudiamos cine: llegar a ver concretada tu labor en el área cinematográfica en la que te desempeñas” –explicaron.

Uno de los mayores desafíos de Autos, mota y rocanrol fue reconstruir el universo del Festival de Avándaro de 1971. El concierto fue recreado dos veces: una parte en foro y otra en La Marquesa: “Es enteramente una recreación construida por nosotros” –confirmaron. La película también utiliza material histórico de la Filmoteca de la UNAM, por lo que el equipo tuvo que conseguir que la ficción dialogara visualmente con imágenes reales de hace más de cinco décadas.

La investigación fue fundamental. Además de revisar libros, fotografías y material de archivo, buscaron testimonios y anécdotas para descubrir cómo se preparaban los jóvenes para asistir al festival. Así aparecieron objetos aparentemente pequeños pero esenciales para darle credibilidad a la historia: los sándwiches para el camino, los manteles prestados por las madres para cubrirse y otros elementos cotidianos que ayudaron a reconstruir la experiencia de aquella generación. “Ese tipo de cosas nos sirvió muchísimo” –recordaron.

Para Christian Galindo, el Ariel debería tener además una presencia mucho mayor entre el público mexicano: “Este debería ser un premio que en verdad la gente vea, así como los Oscar, porque es el premio más importante de la cinematografía nacional”. Tras el triunfo, Connie Martínez, dedicó el reconocimiento a su tierra, Saltillo, y a su madre, quien viajó para acompañarla durante la ceremonia. Adelantó que ya explora junto con Galindo una nueva faceta como guionistas. Entre sus proyectos se encuentra Dinosaurio, una historia que buscan desarrollar en Coahuila.

Mientras ese proyecto toma forma, Autos, mota y rocanrol puede verse en Prime Video. Ahí permanece el trabajo que ahora les dio un Ariel: reconstruir un México de 1971 en el que cada escenario, objeto y detalle debía convencer al espectador de que, por un momento, había vuelto a Avándaro.

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