La emergencia en Tepeaca fue real, pero ocurrió el 4 de junio. Casi cuatro meses después, imágenes y videos reaparecieron como si fueran nuevos, alcanzaron cinco países y llegaron incluso a TV Azteca Honduras. El gobierno de Puebla siguió la ruta digital y abrió una pregunta incómoda: ¿qué pasó con los filtros periodísticos?
La explosión ocurrió. Las pipas ardieron. Hubo evacuaciones y cuerpos de emergencia. El problema es que todo eso pasó el 4 de junio de 2026. Casi cuatro meses después, el pasado 24 de septiembre, aquellas imágenes regresaron a redes sociales convertidas en una supuesta “última hora”, justo cuando la presidenta Claudia Sheinbaum se encontraba en Puebla para presentar resultados de su Segundo Informe de Gobierno.
El contenido aseguraba que varias pipas de gas habían explotado nuevamente en Tepeaca, con evacuaciones y una emergencia en desarrollo. Pero no hubo una nueva explosión. Había una noticia vieja presentada como nueva.
El coordinador general de Comunicación Social y Agenda Digital del Gobierno del Estado de Puebla, Jorge David Cortés Moreno, reveló este miércoles que el monitoreo digital permitió rastrear la propagación de esos contenidos y detectar la participación de más de 100 cuentas distribuidas en cinco países. Entre quienes replicaron la información apareció incluso TV Azteca Honduras, dato utilizado por el funcionario para mostrar hasta dónde consiguió viajar una versión a la que se le perdió (o no se le verificó) un elemento básico del oficio periodístico: la fecha.
El 4 de junio de 2026, a las 9:53 horas, se registró una explosión en un sitio de almacenamiento de gas LP ubicado en la colonia San Juan Negrete, municipio de Tepeaca, informó oficialmente el gobierno de Puebla. La emergencia obligó a evacuar de manera preventiva a alrededor de 2 mil personas del Hospital General de Tepeaca, la Preparatoria BUAP “2 de Octubre”, el Centro Escolar Miguel Negrete Novoa y viviendas cercanas. En el operativo participaron Protección Civil estatal y municipal, Secretaría de la Defensa Nacional, Guardia Nacional, Pemex, Policía Estatal, Bomberos y la Fiscalía General del Estado.
El incidente involucró a seis autotanques de gas LP. Un día después, autoridades estatales informaron que dos de ellos continuaban con combustión controlada y que la zona ya no representaba peligro para la población. Esos eran los hechos. Lo demás llegó después.
El 24 de septiembre, mientras Claudia Sheinbaum encabezaba su acto en Puebla, comenzaron a circular nuevamente fotografías y videos de la explosión de Tepeaca. La diferencia es que esta vez aparecieron presentados como si correspondieran a una emergencia ocurrida ese mismo día. La Secretaría de Seguridad Pública de Puebla y autoridades estatales salieron a desmentir una nueva explosión y aclararon que el material correspondía al episodio ocurrido en junio. Sin embargo, para entonces la versión ya había cruzado fronteras.
Según el seguimiento presentado por Cortés Moreno, más de 100 cuentas en cinco países participaron en la difusión. Y ahí está quizá lo más preocupante: el contenido dejó de vivir únicamente en perfiles anónimos o cuentas de redes sociales y terminó alcanzando espacios informativos fuera de México.
El caso de TV Azteca Honduras abre una pregunta distinta. No se trata de una cuenta improvisada ni de un perfil sin responsabilidad editorial. Es un medio que opera bajo la marca de Ricardo Salinas Pliego y cuenta con programación informativa propia. Su propia plataforma presenta espacios como Hechos AM dentro de su oferta noticiosa. Precisamente por eso, la responsabilidad es mayor.
¿Cómo termina un medio de comunicación con estructura, audiencia y espacios informativos y sobre todo, donde supuestamente trabajan periodistas profesionales, replicando como reciente un hecho ocurrido casi cuatro meses atrás? No hacía falta una investigación compleja, una herramienta de inteligencia artificial ni una verificación sofisticada. Bastaba con poner un poquito de atención y buscar la fecha, verificar la fuente. Vaya, lo enseñan en la primera clase de la materia de periodismo.
Por eso cuando un medio con capacidad profesional amplifica información descontextualizada, el problema deja de ser únicamente del algoritmo o de un simple descuido. Pasa directamente al terreno de la credibilidad. Porque la audiencia no entra a un espacio informativo para preguntarse si una noticia tiene cuatro meses de antigüedad. Parte de una expectativa elemental: que hubo un profesional que hizo su chamba y verificó antes de publicar.
Para el gobierno de Puebla, el contexto temporal fue especialmente relevante. Cortés Moreno explicó que la difusión comenzó a tomar fuerza antes del evento de Claudia Sheinbaum en el Centro Expositor de Los Fuertes y desde la administración estatal se ha interpretado como parte de una estrategia para generar una percepción negativa alrededor de la visita presidencial. Una interpretación que si bien, corresponde al gobierno de Puebla, lo comprobable es que el 24 de septiembre sí circularon contenidos que presentaban como nueva una emergencia ocurrida el 4 de junio.
El caso de Tepeaca demuestra que una noticia falsa no necesariamente necesita fotografías trucadas, voces clonadas o videos hechos con inteligencia artificial. A veces basta con algo mucho más sencillo: tomar un hecho verdadero y quitarle el calendario. La explosión ocurrió, las evacuaciones ocurrieron, los seis autotanques estuvieron ahí. Pero todo pasó en junio. En septiembre, lo que se propagó fue otra cosa.
Y mientras el incendio original necesitó brigadistas, cuerpos de emergencia y un operativo interinstitucional para ser controlado, su segunda vida necesitó más de 100 cuentas y cinco países para volver a encenderse en internet. Esta vez no explotaron las pipas. Explotaron los filtros de verificación.
ANDREA QUINTERO