Pedir la bendición a padres y abuelos forma parte de la memoria familiar de generaciones de mexicanos.
HUMBERTO VÁZQUEZ
“¿Me das tu bendición?” Para muchas generaciones de mexicanos, estas palabras formaron parte de un ritual cotidiano antes de salir de casa, emprender un viaje o irse a dormir. Bastaba acercarse a la madre, al padre o a los abuelos para escuchar una respuesta que parecía tener el poder de protegernos de cualquier peligro: “Dios te bendiga, hijo”.
Aunque parece una costumbre sencilla, detrás de ella existe una historia relacionada con la religión, el respeto a los mayores y las formas en que expresamos cariño. Se trata de una tradición compartida con otros países latinoamericanos, pero que en México encontró un lugar especial en la vida familiar, particularmente entre las generaciones que crecieron bajo una fuerte influencia católica.
Pedir la bendición tiene raíces en las tradiciones judeocristianas, en las que los padres invocan la protección divina para sus hijos. En México, la influencia del catolicismo durante la época colonial contribuyó a incorporar estas prácticas a la vida familiar, hasta convertirlas en una expresión cotidiana de respeto y afecto.
El Diccionario del Español de México, elaborado por El Colegio de México, reconoce la bendición como una invocación a Dios para proteger o ayudar a alguien. Incluso incluye como ejemplo la frase: “Padre, me voy; te pido la bendición”.
En algunas familias mexicanas, el gesto se acompaña de una mano colocada sobre la cabeza, una señal de la cruz en la frente o unas palabras pronunciadas en voz baja. Las madres y las abuelas han desempeñado un papel importante en la transmisión de esta costumbre, que muchas personas aprendieron durante la infancia.
Aunque pedir la bendición es una práctica familiar en México, también está presente en Venezuela, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Ecuador, entre otros países. En Venezuela, por ejemplo, es habitual escuchar el saludo “Bendición, mamá”, al que se responde “Dios te bendiga”. En Colombia también se utiliza la expresión “La bendición, papá”, especialmente en familias que conservan esta tradición.
Estas semejanzas muestran cómo la religión y las costumbres familiares han construido expresiones culturales compartidas entre distintos países latinoamericanos, aunque cada sociedad les ha dado sus propios matices. ¿Por qué seguimos pidiendo la bendición? Más allá de las creencias religiosas, pedir la bendición también puede representar una manera de reconocer el cariño y la experiencia de los mayores. Para algunas personas significa protección espiritual; para otras, simplemente una forma de despedirse y sentirse acompañadas por sus seres queridos.
Durante generaciones, los abuelos ocuparon un lugar central en la transmisión de valores, creencias y costumbres. Pedirles la bendición era una manera de reconocer esa autoridad familiar, aunque también reflejaba las jerarquías de una educación más tradicional. Actualmente, la práctica convive con nuevas formas de expresar afecto. Algunas personas todavía se persignan antes de salir, otras piden la bendición por teléfono y muchas han sustituido las palabras religiosas por un “cuídate mucho” o un “que te vaya bien”.
Después de muchos años, hay quienes siguen buscando la bendición de sus padres o abuelos antes de emprender un viaje o enfrentar un momento importante. Porque, más allá de la religión, pedir la bendición también puede significar algo mucho más sencillo: querer llevarse un poquito del cariño de quienes nos vieron crecer.