Una propiedad marcada por los excesos del pasado tendrá un nuevo destino en Tlalpan, donde la educación busca escribir otra historia.
ANDREA QUINTERO
De los lujos de un funcionario señalado por corrupción a las aulas de miles de jóvenes. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo retomó este viernes 16 de octubre la transformación de la antigua mansión de Arturo “El Negro” Durazo, ubicada en la alcaldía Tlalpan, en una nueva sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC) y una preparatoria pública. Durante su conferencia matutina, la mandataria resumió el significado del proyecto con una frase contundente: “De un monumento a la corrupción a una escuela”, al destacar que un inmueble históricamente asociado con los abusos del poder será destinado a ampliar las oportunidades educativas.
La propiedad perteneció a Arturo Durazo Moreno, jefe de la policía capitalina durante el sexenio de José López Portillo, entre 1976 y 1982, quien se convirtió en uno de los personajes más conocidos por los escándalos de corrupción, abusos de autoridad y enriquecimiento asociados con aquella administración. El conjunto inmobiliario, de más de seis hectáreas, contaba con una casa principal y espacios de lujo y entretenimiento, entre ellos helipuertos, caballerizas, casino, alberca, lagos artificiales e invernaderos. Tras la caída política de Durazo, el inmueble fue recuperado por las autoridades y posteriormente utilizado por la Academia Mexicana de Ciencias.
La transformación representa una nueva etapa para un espacio que durante décadas evocó los excesos del poder público. La jefa del Ejecutivo federal explicó que se atendieron asuntos pendientes de regularización jurídica mediante el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (INDEP), lo que permite avanzar en su aprovechamiento educativo. Aunque la construcción de la universidad y la preparatoria había sido anunciada desde octubre de 2025, el gobierno federal presentó nuevos detalles sobre el destino del conjunto y su incorporación a la infraestructura educativa de Tlalpan.
El proyecto forma parte de la ampliación de la Universidad Nacional Rosario Castellanos, institución pública impulsada durante la gestión de Sheinbaum como jefa de Gobierno de la Ciudad de México y posteriormente extendida a otras entidades del país. La nueva sede busca acercar la educación superior a jóvenes de Tlalpan, particularmente a quienes actualmente deben trasladarse a otros planteles para continuar sus estudios. Junto con la preparatoria, la iniciativa pretende ampliar el acceso a la educación media superior y superior en una zona donde la demanda de espacios educativos continúa siendo relevante.
Con esta iniciativa, el gobierno de Sheinbaum busca dar una nueva utilidad social a un inmueble que durante años representó privilegios y corrupción. La apuesta consiste en sustituir el significado histórico de la propiedad por un espacio de formación académica y oportunidades para nuevas generaciones. Donde antes hubo símbolos de riqueza y poder, se proyectan salones de clase, estudiantes y educación pública, una transformación cuyo impacto dependerá de la conclusión de las obras y de su puesta en funcionamiento.