¡Medio siglo de fe! Una llave de hace cinco décadas volvió a abrir una puerta muy especial. Detrás de ella comienza una celebración que une historia, tradición y esperanza.
ANDREA QUINTERO
Hay puertas que se abren para entrar y otras que se abren para recordar. Este lunes 12 de octubre, la Basílica de Guadalupe abrió solemnemente su Puerta Santa, dando inicio al Año Jubilar Guadalupano, una celebración extraordinaria concedida por el papa León XIV para conmemorar 50 años de la inauguración y dedicación de la actual Basílica, así como medio siglo del traslado de la imagen de la Virgen de Guadalupe a este recinto. La festividad se extendió hasta el 12 de octubre de 2027.
El momento más simbólico ocurrió a las 12:18 horas, cuando el cardenal Carlos Aguiar Retes, arzobispo primado de México, utilizó la misma llave relacionada con la dedicación del templo en 1976 para abrir la Puerta Santa. Entre cantos, aplausos y una procesión de fieles, la imagen guadalupana volvió a ser el centro de una ceremonia que reunió a peregrinos nacionales y extranjeros. La celebración incluyó la tradicional Misa de las Rosas y la bendición de flores, en recuerdo del relato religioso de las apariciones de la Virgen a San Juan Diego.
Pero la conmemoración tiene una historia que comenzó mucho antes de 1976. De acuerdo con la tradición católica, las apariciones guadalupanas ocurrieron en 1531, en el cerro del Tepeyac, donde la devoción dio origen a distintos templos a lo largo de los siglos. El crecimiento de las peregrinaciones hizo necesaria la construcción de un santuario de mayor capacidad, diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez con la participación de fray Gabriel Chávez de la Mora. Así nació la actual basílica, inaugurada en octubre de 1976, que desde entonces resguarda la venerada imagen.
Para los creyentes católicos, cruzarla simboliza un nuevo comienzo espiritual. Durante el Año Jubilar, los fieles podrán buscar la indulgencia plenaria, que, según la doctrina de la Iglesia, supone la remisión de la pena temporal por pecados ya perdonados. Para obtenerla deben cumplirse determinadas condiciones religiosas, como la confesión, la comunión, la oración por las intenciones del papa y las disposiciones establecidas para el jubileo. No se trata simplemente de atravesar una puerta, sino de participar en un periodo dedicado a la reconciliación, la oración y las obras de misericordia.
La celebración también permite recordar que la basílica forma parte de un conjunto histórico mucho más antiguo. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) destaca que la antigua basílica del siglo XVIII, la Capilla del Cerrito y la Capilla del Pocito conservan parte de la memoria arquitectónica y religiosa del Tepeyac. Estos espacios, junto con el actual santuario, reflejan cómo la devoción guadalupana se ha transformado durante siglos sin perder su presencia en la cultura mexicana.
Aunque esta celebración marca los 50 años de la actual basílica, también ocurre a cinco años de otra conmemoración importante: en 2031 se cumplirán 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego, de acuerdo con la tradición católica. Así, la apertura de la Puerta Santa no solamente recuerda la inauguración de un edificio en 1976, sino que invita a recorrer una historia que, entre arquitectura, peregrinaciones y creencias, continúa formando parte de la identidad de millones de mexicanos.