Muñecas de sololoy, robots, luchadores, carritos de lámina, yoyos y baleros forman parte de un enorme acervo escondido en la colonia Doctores que permite recorrer varias generaciones de cultura popular mexicana: el Museo del Juguete Antiguo México
¿Te acuerdas de tu juguete favorito? Quizá era un carrito, una muñeca, un luchador, un robot o uno de esos juguetes que esperabas encontrar cada 6 de enero debajo del árbol y que un día, sin darte cuenta, desapareció para siempre.
En la colonia Doctores de la Ciudad de México existe un lugar donde pareciera que los juguetes se negaron a crecer junto con sus dueños. Es el Museo del Juguete Antiguo México, mejor conocido como MUJAM, un peculiar edificio de la calle Doctor Olvera que guarda uno de los grandes acervos de juguetes y objetos de cultura popular del país. Aquí conviven muñecas de sololoy con robots; carritos de madera, metal y plástico con locomotoras; luchadores con yoyos, trompos y baleros; bicicletas con futbolitos y enormes juguetes mecánicos. Hay piezas diminutas, algunas del tamaño de la cabeza de un alfiler, y otras de dimensiones monumentales.
Pero detrás de esta acumulación de objetos existe también una historia familiar. Todo comenzó con Roberto Shimizu Kaneko. Sus padres llegaron de Japón a México en 1938 y se instalaron en la zona de la colonia Doctores. Ahí establecieron negocios familiares que vendían, entre otras cosas, dulces, artículos de papelería y juguetes.
Roberto nació en 1945 y desde niño comenzó a guardar aquellas cosas que lo hacían feliz. Mientras para otros un juguete viejo terminaba roto, regalado o en la basura, él los conservaba. Y siguió haciéndolo.
Con los años recorrió tianguis, mercados de pulgas y lugares donde aparecían objetos que para muchos habían perdido su utilidad. Aquello que otros consideraban viejo podía convertirse para él en una pieza de la memoria de México. La afición terminó creciendo hasta ocupar un edificio. En abril de 2008 abrió formalmente sus puertas el Museo del Juguete Antiguo México.
Recorrer el MUJAM es también encontrarse con personajes y objetos que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana. Entre sus colecciones aparecen luchadores mexicanos, máscaras, muñecas, marionetas, trenes, aviones y robots.
Está, por ejemplo, la Señorita Bárbara, la respuesta mexicana a Barbie fabricada por Lili Ledy, acompañada por su pareja Ricardo. También hay muñecas de sololoy y porcelana, juguetes de vidrio soplado, alcancías de luchadores de yeso, carritos de pedales y piezas relacionadas con uno de los grandes ídolos de la cultura popular mexicana: El Santo.
Y entre los objetos más peculiares aparece incluso un Robot 2-XL de 1978, un juguete que utilizaba cartuchos de ocho pistas para contar historias y chistes y realizar preguntas de opción múltiple. Una especie de antepasado remoto de los juguetes interactivos actuales.
El museo, sin embargo, rebasa el concepto tradicional de juguete. Shimizu también comenzó a conservar objetos cotidianos, publicidad, empaques e inventos mexicanos porque entendió algo que solemos descubrir demasiado tarde: lo cotidiano también desaparece.
La colección del MUJAM supera actualmente el millón de piezas, aunque sólo una pequeña parte puede mostrarse al mismo tiempo. Y quizá ésa sea una de las características que hacen tan peculiar al lugar. No tiene la apariencia impecable de un museo convencional. Sus vitrinas están repletas y los objetos parecen competir por llamar la atención. En una misma visita es posible pasar de los juguetes tradicionales mexicanos a la lucha libre, de los robots a las muñecas y de los carritos a objetos que parecen haber salido directamente de la casa de nuestros abuelos.
Más que seguir una historia perfectamente ordenada, uno va reconociendo cosas: “Yo tuve uno de ésos”; “Mi hermano tenía uno”; “Había uno en casa de mi abuela”. Porque un juguete puede parecer un objeto insignificante hasta que alguien vuelve a encontrarlo 30, 40 o 50 años después. Entonces deja de ser solamente un juguete. Se convierte en memoria.
El Museo del Juguete Antiguo México se encuentra en Doctor Olvera 15, colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc. De acuerdo a sus publicaciones, abre de lunes a sábado de 9:00 a 17:00 horas y los domingos de 10:00 a 17:00; permanece cerrado el último martes de cada mes.
Así que si alguna vez te preguntaste dónde fueron a parar aquellos juguetes con los que crecimos, quizá algunos terminaron ahí. En un edificio de la Doctores donde los niños envejecieron, pero sus juguetes no.
HUMBERTO VÁZQUEZ