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El unicornio que habita el mar. Conoce al Narval

El unicornio que habita el mar. Conoce al Narval
Foto: Wiki Reino Animalia

“Kimungak entonces arponeó una beluga negra mientras su madre permanecía en el agua como contrapeso para el rígido aguijón de caza. Con éxito acertó el golpe y la mujer fue arrastrada por el animal herido hasta el fondo del agua helada.  “Déjame volver a tierra seca y firme” —dijo con pena antes de transformarse en una beluga también, en cuya frente se encarnó la trenza que ornamentaba su cabeza, como eterno recordatorio al rechazo con que había criado a su hijo” — Fragmento de “El ciego y el somormujo”, mito Inuit sobre el origen del narval.  

EMILIANO RUIZ 

¿Una ballena o un verdadero unicornio? El narval es una de esas tantas especies que parecen extraídas de entre los mitos de la antigüedad o de las historias más fantásticas jamás contadas por el ser humano. No obstante, a pesar de su particular anatomía, el narval  es una criatura fascinante que no sólo esconde sus propios secretos, sino que también se consolida como un eje de entendimiento y un vital indicador de la salud en las gélidas aguas del Océano Ártico.

El narval pertenece a la familia de los cetáceos y el elemento más llamativo de su anatomía — esa extremidad alargada y puntiaguda que sobresale de su cráneo — le mereció el nombre científico de Monodon monoceros que en griego significa “Un sólo diente” o “Un diente, un cuerno”. En este sentido, aunque todos y todas alguna vez llegamos a pensar que esa lanza craneal es un cuerno, lo cierto es que se trata de un colmillo, un diente alargado, que puede alcanzar los tres metros de largo y hasta los 10 kilos de peso; incluso los machos pueden llegar a crecer dos de esos colmillos. Vale la pena mencionar que este enorme diente, a pesar de su apariencia, no consiste en un arma de autodefensa, sino que cumple con una función vital en todos los ejemplares.

Durante mucho tiempo, las hipótesis sobre su función fue ampliamente discutido pues, derivado de la poca frecuencia con que los narvales eran vistos, estudiosos de esta especie cetácea idearon múltiples posibilidades: Su uso como herramienta para perforar el hielo fue una de las más populares durante mucho tiempo, sumado a su posible uso como arma de estatus ante otros ejemplares o como un aparato resonador para la comunicación entre ellos. Sin embargo, con el tiempo se determinó que esta lanza ósea sirve esencialmente como un órgano colmado de terminaciones nerviosas que le permiten desempeñarse como un órgano para percibir las variaciones en su entorno natural para la supervivencia. 

De este modo, el colmillo es un nexo del hábitat con el cerebro que ayuda al narval a comunicarse e identificar cambios en la temperatura, presión, salinidad. incluso ciertas sustancias que le ayudan a dar con sus presas, que consisten principalmente en peces como el bacalao ártico, el fletán negro, tal como crustáceos y moluscos nativos de las profundidades árticas. Aunque el enorme diente funge como una porra para estorbar o aturdir a su alimento antes de consumirlo, el proceso de alimentación no depende necesariamente del colmillo, sino de su ecolocalización y la creación de vórtices a través de sus cavidades bucales, con las que succionan a las presas de un golpe.

Así, los narvales se consolidan además como una especie depredadora que no sólo juegan un papel para el equilibrio del ecosistema gracias a su dieta, sino que su postura como máximo depredador es un importante indicador de la salud en el Océano Ártico, pues no sólo la ausencia de alimento puede implicar peligros para la especie, sino que el deshielo también juega un factor crucial para la subsistencia de estos cetáceos.

El mito inuit que nació en las aguas del ártico.

Para el pueblo Inuit, los mitos no eran simples fantasías, sino un sistema profundo de conocimiento y respeto hacia el entorno que les permitía sobrevivir en uno de los climas más extremos de la Tierra. A través de sus historias, los cazadores y sabios explicaban el origen de las especies y recordaban que los lazos entre los seres humanos y los animales son sagrados e indisolubles. 

Entonces, el fragmento que leíste al principio de esta nota pertenece a una de esas historias que nos llevan a la comunión entre lo humano y la naturaleza que, si bien no es una de las últimas, sí abre un horizonte de reflexión en nuestra relación con las criaturas con las que compartimos el planeta y cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo. ¿Indiferencia? ¿Preocupación? ¿Interés? ¿Curiosidad? Todo ello y más converge alrededor de cómo procuramos de nuestro medio ambiente y la manera en que interactuamos con él. 

Aquel unicornio marino no es la primera ni será la única excepción. Cada ser vivo mantiene un vínculo con nosotros a través del planeta, algo que el mito Inuit de “El ciego y el somormujo” deja bien planteado sobre la mesa, ya que no se trata de una simple historia, sino de una forma de entender el mundo a través de los mitos y las leyendas. Una historia donde lo humano trasciende a lo animal, donde el desdén de una madre se concentra en una de las criaturas más importantes de la región ártica en el planeta. ¿Un castigo divino por el repudio a lo incomprendido o una transformación para resarcir el daño?

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