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La Guerrero que pocos recuerdan: así pasó de mansiones y ferrocarriles a su imagen actual

La Guerrero que pocos recuerdan: así pasó de mansiones y ferrocarriles a su imagen actual
La Guerrero que pocos recuerdan así pasó de mansiones y ferrocarriles a su imagen actual: Foto: Colonia Guerrero

Una misma calle puede contar dos historias completamente distintas. Caminar hoy por la colonia Guerrero, en la alcaldía Cuauhtémoc, significa encontrarse con vecindades, comercios populares, inmuebles centenarios, estaciones de Metro y calles donde las autoridades todavía realizan operativos de seguridad, cambian luminarias o inspeccionan edificios deteriorados. 

Pero hace más de un siglo, algunas de esas mismas calles protagonizaban uno de los grandes negocios inmobiliarios de la naciente Ciudad de México. 

Había terrenos que multiplicaban su valor, nuevas casas apareciendo a gran velocidad y familias acomodadas construyendo auténticas residencias de inspiración europea. Entonces, ¿cómo pasó la Guerrero de representar modernidad y expansión urbana a convertirse en un barrio popular que hoy carga con una reputación estigmatizada? 

La antigua Guerrero, una colonia que todos querían voltear a ver  

La colonia Guerrero comenzó a tomar forma en 1874, cuando se inauguró formalmente su primera calle. Y tenía algo que prácticamente garantizaba movimiento: apenas un año antes había comenzado a operar la estación ferroviaria de Buenavista

El ferrocarril transformó aquella periferia de la capital en terreno atractivo para vivienda, comercios e inversión. ¿El resultado? En 1885 (once años después de su creación) la colonia ya contaba con aproximadamente 900 casas terminadas y 3,500 habitantes. Por lo que se volvió en una zona conocida por su crecimiento.  

Hoy sigue en el centro… pero por razones distintas  

Más de 150 años después, la ubicación sigue siendo privilegiada. La Guerrero se encuentra pegada al Centro Histórico, Buenavista, Reforma y Tlatelolco y tiene una conectividad que muchas zonas de la capital envidiarían. 

Pero su imagen pública cambió. Actualmente aparece de manera recurrente asociada a problemas de seguridad, deterioro urbano y violencia, aunque sería incorrecto etiquetar a toda la colonia como peligrosa. 

En 2025, por ejemplo, la propia alcaldía Cuauhtémoc identificó a la Guerrero como la segunda colonia de la demarcación con mayor número de llamadas de emergencia realizadas por mujeres y desplegó allí acciones específicas contra la violencia de género.  

Mientras tanto, la percepción de inseguridad de toda la alcaldía Cuauhtémoc (no exclusivamente de la Guerrero) se ubicó en 52.4% en junio de 2026, después de haber estado en 59.1% en diciembre de 2025, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) publicada por el INEGI.  

El suelo no de convirtió en oro  

Si alguien compró barato en los primeros años de la Guerrero, hizo un negocio espectacular. Estudios históricos sobre el crecimiento de la zona muestran que la llegada del ferrocarril disparó el interés inmobiliario. 

La propiedad terminó altamente concentrada: aproximadamente 68% de los terrenos iniciales quedó en manos de apenas diez propietarios, varios de ellos con fines de especulación. 

Esto rompe un poco el mito. La Guerrero no nació simplemente como un barrio aristocrático. Desde su origen existió una mezcla muy marcada entre grandes propietarios, familias con recursos, trabajadores y población que terminó viviendo como inquilina. 

Precisamente ahí estaba su peculiaridad: mansiones y viviendas populares podían convivir a pocas calles de distancia. 

Hoy, el problema se traduce en la conservación de las construcciones  

Uno de los mayores retos actuales está justo en aquello que hace histórica a la Guerrero: sus edificios antiguos

En junio de 2026, Protección Civil de Cuauhtémoc inspeccionó un inmueble de la calle Violeta y detectó afectaciones relacionadas con antigüedad, falta de mantenimiento y exposición a condiciones climáticas. La autoridad reconoció que algunos inmuebles de la demarcación acumulan más de cien años de antigüedad.  

Dos meses después, otra revisión en Moctezuma 187 determinó que era necesario restaurar fachadas y reforzar uno de los muros debido al deterioro. Y el problema no es únicamente preventivo. En agosto de 2025, un inmueble abandonado de Lerdo 133 sufrió el colapso de aproximadamente 60% de una losa, además de presentar elementos deteriorados y grietas.  

Las casonas que alguna vez representaron expansión y prosperidad también envejecieron. 

Las mansiones de la Guerrero  

¿La prueba de que la Guerrero también tuvo habitantes de alto poder económico? Todavía puede visitarse. 

En Héroes 45 permanece la Casa Rivas Mercado, construida a partir de 1898 por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, responsable también del diseño de la Columna de la Independencia.  

Rivas Mercado eligió un terreno amplio de la zona para levantar su residencia familiar, una construcción con influencia europea que terminó convirtiéndose en uno de los mayores testimonios arquitectónicos de aquella etapa.  

Hoy la casa está restaurada y funciona como espacio cultural. Es casi como abrir una puerta y entrar directamente a la Guerrero de hace más de un siglo. 

La colonia intenta recuperar sus calles  

Si antes el símbolo de modernidad eran las nuevas casas y el ferrocarril, hoy parte de la transformación pasa por algo mucho más básico: que las calles estén iluminadas y sean transitables. 

De acuerdo con reportes de la alcaldía Cuauhtémoc, durante 2026, la alcaldía instaló 92 nuevas luminarias en la colonia Guerrero, de las cuales 32 son viales y 60 peatonales. Solo en un tramo de la calle Violeta se colocaron 60, con el argumento de mejorar visibilidad y condiciones de seguridad durante la noche. El contraste resulta enorme. 

Hace 150 años, la pregunta era cuánto crecería aquella nueva colonia. Hoy parte de la discusión gira en torno a cómo recuperar sus espacios públicos y conservar edificios que llevan generaciones en pie. 

Vecindades: ahí comenzó a cambiar la historia 

Conforme la colonia creció, también lo hizo la vivienda de alquiler. A mediados del siglo XX apareció un factor fundamental: las rentas congeladas

La medida protegió a miles de familias que pudieron permanecer en zonas céntricas pagando alquileres accesibles, pero tuvo otra consecuencia: numerosos propietarios dejaron de invertir en el mantenimiento de inmuebles que ya no consideraban rentables. 

Estudios sobre la vivienda popular en el centro de la capital documentan décadas de abandono y deterioro en vecindades, situación que afectó de manera particular a barrios como Guerrero.  

La arquitectura comenzó a desgastarse mientras el perfil de la colonia se hacía cada vez más popular. 

Su carácter popular sobrevivió 

La Guerrero perdió buena parte del brillo arquitectónico asociado con determinadas residencias porfirianas, pero no perdió su identidad de barrio. Tiendas, mercados, vecindades, iglesias, pequeños negocios y familias que llevan generaciones viviendo ahí continúan formando parte de su paisaje. 

Es decir, aquello que durante décadas fue visto por algunos como señal de “caída de estatus” también significó otra cosa: arraigo. 

Cuando el terremoto de 1985 golpeó a las zonas centrales de la capital, investigaciones académicas describieron a Guerrero, Tepito, Morelos y Peralvillo como barrios integrados por familias de escasos recursos pero con fuerte arraigo territorial.  

El terremoto agravó el deterioro de numerosos inmuebles y aceleró programas de reconstrucción y transformación habitacional. 

Entonces… ¿la Guerrero “se vino abajo”? 

La Guerrero nunca fue únicamente una colonia de élite. Desde sus primeros años hubo especulación inmobiliaria y residencias de familias acomodadas, sí, pero también trabajadores, artesanos e inquilinos. De hecho, uno de los impulsores originales planteaba desarrollar la zona como asentamiento para obreros y artesanos.  

Lo que ocurrió después fue una acumulación de transformaciones: vivienda popular, deterioro inmobiliario, rentas congeladas, cambios viales, terremotos y problemas sociales. Y por eso mirar la Guerrero actual resulta tan peculiar. 

Porque debajo de la colonia que hoy muchos relacionan con vecindades y problemas de seguridad todavía aparece, de vez en cuando, la ciudad elegante que intentó nacer ahí hace 150 años. Solo hay que levantar la mirada hacia sus fachadas. 

ANDREA QUINTERO  

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