
Cuando una emergencia aparece, no hay espacio para discursos largos, fotografías bonitas ni funcionarios de escritorio: se necesitan experiencia, disciplina y capacidad para tomar decisiones bajo presión. Con esa lógica, Alejandro Armenta Mier incorporó al coronel Bernabé López Santos para encabezar la Coordinación General de Protección Civil y Gestión del Riesgo de Desastres de Puebla.
Su nombramiento fue anunciado en noviembre de 2024, semanas antes de que el actual jefe del ejecutivo estatal asumiera la gubernatura. La apuesta no fue menor: colocar a un perfil formado en el Ejército Mexicano al frente de una institución responsable de reaccionar ante incendios, inundaciones, explosiones, actividad volcánica, deslaves, accidentes y cualquier fenómeno que pueda poner en riesgo a las familias poblanas.
El coronel es licenciado en Derecho por la Universidad Tecnológica Latinoamericana y cuenta con 22 cursos relacionados con formación militar, recursos humanos, conciliación laboral, perspectiva de género y derecho. A lo largo de su carrera sirvió en 11 unidades militares distribuidas en Chihuahua, Veracruz, Jalisco, Yucatán, Coahuila, Guerrero, Chiapas, Campeche, Ciudad de México e Hidalgo, además de formar parte del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Alto Mando.
Pero el verdadero examen no estaba en su currículum, sino en el territorio. Y durante las últimas semanas, Puebla ha enfrentado emergencias que han obligado a movilizar personal especializado, vehículos, equipo técnico y corporaciones de distintos municipios.
Uno de los casos más recientes ocurrió en el relleno sanitario de El Huamúchil, en Acatlán de Osorio, donde un incendio se extendió entre varias capas de residuos. Desde que se recibió el reporte, Protección Civil estatal envió una motobomba y un vehículo cisterna para reforzar las tareas emprendidas por autoridades municipales y brigadistas locales. La ubicación del predio, alejada de la zona habitacional, permitió confirmar que el fuego no representaba un riesgo inmediato para las viviendas.
Después de tres días de labores, el siniestro alcanzó un 60% de control y 40% de liquidación. Para enfriar el terreno y reducir la posibilidad de propagación fueron aplicados alrededor de 70,000 litros de agua a presión. La superficie afectada se estimó en ocho hectáreas, mientras que dos accesos permanecieron bloqueados por la acumulación de desechos.
Pese a la complejidad que implica apagar fuego debajo de capas de basura, el operativo avanzó sin personas lesionadas ni viviendas dañadas.
Otra movilización se llevó a cabo en el Canal de Valsequillo, donde equipos estatales desplegaron durante dos días una búsqueda por diferentes puntos del cauce para localizar a Emilio N., reportado como desaparecido desde el 12 de julio.
La operación reunió a personal de corporaciones de Protección Civil de varios municipios. Finalmente, los equipos localizaron y extrajeron un cuerpo cuyas características coincidían con las de la persona buscada, por lo que fue entregado a las autoridades ministeriales para su identificación oficial.
El resultado fue doloroso, pero la respuesta dejó algo claro: hubo coordinación, acompañamiento a la familia y una búsqueda que no se detuvo hasta obtener una respuesta. Porque en materia de protección civil, actuar también significa permanecer en el terreno cuando las condiciones son difíciles y las noticias no son las que todos quisieran recibir.
Sin embargo, la prueba más compleja se vivió en la Gruta de Chichicazapan, en Cuetzalan del Progreso, donde el aumento del caudal de un río subterráneo dejó atrapado a un grupo de personas. Ahí no bastaban una cuerda y buenas intenciones: fue necesario desplegar especialistas en buceo, espeleología y rescate vertical.
Los equipos técnicos recorrieron espacios inundados, ingresaron a zonas de difícil acceso y ajustaron cada maniobra al pronóstico meteorológico. Cuando el nivel del agua aumentó y se aproximaban nuevas lluvias, el personal fue retirado preventivamente para evitar que una operación de rescate se convirtiera en otra tragedia. En las tareas participaron Protección Civil, Gobernación, Seguridad Pública, Bomberos, Fiscalía, especialistas voluntarios y corporaciones de Cuetzalan, Teziutlán, Tlatlauquitepec y Chignautla.
Así, el nombramiento de Bernabé López dejó de ser solamente una línea en la integración del gabinete. Los incendios, las lluvias y los rescates han colocado a la Coordinación de Protección Civil frente a escenarios donde la reacción rápida puede marcar la diferencia entre contener una emergencia o permitir que se convierta en desastre.
Puebla tiene volcanes, sierras, ríos, barrancas, cavernas y comunidades dispersas en un territorio complejo. Por eso requiere de una Protección Civil que conozca el riesgo, que sepa desplegarse y, sobre todo, que sea eficiente.
Con equipo especializado, coordinación entre instituciones y personal dispuesto a entrar donde otros no pueden, el Gobierno de Alejandro Armenta manda un mensaje claro: cuando Puebla enfrenta una emergencia, el Estado no se esconde; se despliega, actúa y permanece en el terreno.