
Javier Albarran, perteneciente a la nueva ola de juventudes políticas ha lanzado como una propuesta a través de redes sociales que plantea limitar el voto por familia, levantando una ola de críticas y preocupación por especialistas en este contexto social y político.
Albarrán pertenece al conjunto de figuras políticas juveniles dentro del Estado de México, quien pasó de Movimiento Naranja a las filas del PAN, manteniendo cercanía principalmente con el edil de Metepec, Fernando Flores cuando incursionó al mundo de la política. Posteriormente, obtuvo oficialmente su acreditación como militante del la cúpula blanquiazul.
Esto ocurre en un escenario sociopolítico donde el debate que rodea a Erika Kirk ha captado los reflectores internacionales por su propuesta de delegar el voto electoral al esposo dentro de una familia, quien decidiría en última instancia a donde dirigir. Argumentando que todas las personas deberían compartir las mismas opiniones políticas. No obstante esto desvirtúa indirectamente el voto de las mujeres.
Incluso simpatizantes panistas denotaron su descontento ante este pensamiento, destacando en diversas opiniones la crítica en la adopción de narrativas estadounidenses como el caso de Erika Kirk; así mismo cuestionan la reducción de la libertad de pensamiento en el entendido de que incluso al interior de una familia pequeña, el horizonte crítico es extenso, por lo que limitar el voto a una sóla persona sesga e implica el riesgo de echar para atrás los avances democráticos que se han obtenido hasta el día de hoy, destacando el contexto de las mujeres.
Ante este escenario, por medio de redes sociales Magui Fisher, reconocida politóloga y militante de la facción blanquiazul, señaló que el PAN jamás estará en contra del voto universal, destacando que fue dicho partido uno de los que promovió por primera vez el voto femenino a nivel federal.
“Una persona que piensa así no tiene nada que ver con los Principios de Doctrina de Acción Nacional”, concluyó, exhortando a una expulsión de Javier Albarrán del partido político.
Aún si Albarrán no comparte explícitamente la reducción de la participación electoral de la mujer, lo refleja a través de una narrativa que contempla al hombre como el jefe de familia: “Si votáramos por casa, por familia, y hubiera un responsable de emitir este voto —alguien que no piense solo en él, sino en todos— pensando en su esposa…, pensando en sus hijos, en su educación y su futuro, y también pensando en sí mismo, buscando dónde hay más y mejores oportunidades de trabajo… las cosas serían distintas.”
A pesar que su presunto argumento es la falta de consideración al núcleo familiar, en el hipotético escenario que esta propuesta entrará en vigor, el militante panista no considera que, aún con los avances dados en favor de la paridad de género y la erradicación de la violencia contra la mujer, aún existen sectores dentro de la población mexicana en que esas conductas siguen normalizadas. En familias con estos contextos, indirectamente se estaría relegando el voto femenino.
A través del INMUJERES, respecto a un censo enfocado en hogares y familias en México, se destaca que hasta 2020 de 23.4% hogares familiares ampliados, el 40.9% tienen a una mujer como jefa de familia; en hogares de familia nuclear sólo el 26.9% es jefa de familia. Una estadística que, además se suma a 2.8 millones de hogares indígenas de los cuáles 26.1% tienen jefas de familia.
Considerando estas cifras, estas críticas no sólo se reducen a la familia tradicional metropolitana, este panorama trasciende al resto de sectores vulnerables desde las juventudes hasta los adultos mayores. Poniendo en puente de cristal el sufragio individual que actualmente es una de las metas legislativas históricamente más complejas de alcanzar.