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¿Cómo surgió el movimiento LGBTIQ+ en Puebla? Una lucha que transformó la historia de la diversidad  

¿Cómo surgió el movimiento LGBTIQ+ en Puebla Una lucha que transformó la historia de la diversidad

Hoy, miles de personas recorren las calles de Puebla entre banderas arcoíris, música y consignas por la igualdad. Sin embargo, lo que actualmente parece una celebración multitudinaria es en realidad el resultado de décadas de resistencia, organización y lucha de una comunidad que durante años enfrentó discriminación, violencia y exclusión en una de las entidades consideradas históricamente más conservadoras del país.

La Marcha del Orgullo Puebla 2026, que este fin de semana celebró 25 años de movilizaciones, fue también un recordatorio de todo el camino recorrido. Desde las primeras manifestaciones realizadas en medio del rechazo social hasta las exigencias actuales por los derechos de las infancias trans, la historia del movimiento LGBTIQ+ poblano refleja una transformación profunda de la sociedad.

Los antecedentes de esta comunidad organizada pueden rastrearse hasta finales de la década de los ochenta, cuando comenzaron a surgir los primeros espacios de convivencia para personas homosexuales. Uno de los más emblemáticos fue Keops, considerada la primera discoteca gay de la zona de Cholula, que durante años funcionó como un refugio para quienes pocas veces encontraban lugares seguros donde expresarse libremente.

El activismo organizado tomó fuerza a principios de los años 2000. En 2001, diversas denuncias por discriminación y negativa de atención médica relacionada con prejuicios sobre el VIH impulsaron la creación de organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos de la diversidad sexual.

Un año después nació Vida Plena, agrupación que denunció abusos policiacos y promovió acciones para la prevención del VIH. Entre sus actividades destacó la Primera Caravana LGBT de Puebla, una manifestación que concluyó en el Zócalo capitalino y marcó el inicio de una presencia más visible del movimiento en el espacio público.

Posteriormente surgieron colectivos como Juventud Alpha y comenzaron a crecer las Marchas del Orgullo. Para 2003, la segunda edición reunió a cerca de mil participantes, una cifra significativa para una época en la que muchas personas aún ocultaban su orientación sexual o identidad de género por temor al rechazo.

Esa evolución quedó reflejada este fin de semana durante la Marcha del Orgullo 2026. Desde el Parque Recreativo La Paz, lugar que décadas atrás fue escenario de mensajes homofóbicos y amenazas contra la comunidad, miles de personas iniciaron un recorrido que avanzó por la Avenida Juárez, Paseo Bravo y Reforma hasta llegar al Zócalo de Puebla.

La imagen contrastó con la realidad de los años ochenta y noventa. Mientras las generaciones mayores recordaban el miedo con el que comenzaron las primeras movilizaciones, jóvenes integrantes de la comunidad caminaron, bailaron y corearon consignas con una libertad que para muchos activistas parecía impensable hace apenas unas décadas.

Entre los asistentes estuvo Paco, quien decidió participar para recordar que las personas LGBTIQ+ existen y resisten todos los días. Para él, ver a jóvenes expresar abiertamente su orientación sexual desde edades más tempranas representa uno de los mayores avances logrados por el movimiento. Pero la marcha también dejó claro que la lucha continúa.

Este año, una de las principales demandas estuvo enfocada en los derechos de las infancias trans. Integrantes del Comité Orgullo Puebla exigieron al Congreso del Estado legislar en la materia y cumplir con las resoluciones emitidas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pancartas con mensajes como “Legislación sin omisión” acompañaron el recorrido.

La exigencia ocurre en medio de un proceso legal que mantiene bajo presión al Poder Legislativo poblano, luego de que la Suprema Corte advirtiera posibles sanciones por el incumplimiento de sus resoluciones relacionadas con el reconocimiento de derechos para las infancias trans.

La movilización también sirvió para recordar a quienes abrieron camino. Durante el recorrido, activistas destacaron el legado de Agnes Torres Hernández, una de las figuras más importantes en la historia reciente de la diversidad sexual en Puebla.

El asesinato de Agnes en 2012 se convirtió en uno de los episodios más dolorosos para la comunidad, pero también en un punto de inflexión que impulsó reformas legales para combatir los crímenes motivados por odio y fortalecer la protección de los derechos de las personas de la diversidad sexual y de género.

A partir de entonces, el movimiento intensificó sus esfuerzos por alcanzar derechos civiles fundamentales. Los resultados comenzaron a reflejarse en los años recientes: en 2020 se aprobó el matrimonio igualitario en Puebla y, en 2021, la llamada Ley Agnes permitió que las personas trans pudieran adecuar sus documentos oficiales a su identidad de género.

Aunque los avances son evidentes, los desafíos persisten. De acuerdo con las Estadísticas a Propósito del Día Internacional del Orgullo LGBTI+ 2025 del INEGI, el 0.7% de los matrimonios celebrados en Puebla durante 2023 correspondieron a parejas del mismo sexo, una cifra inferior al promedio nacional de 1.3%, pero que refleja una realidad cada vez más visible en la entidad.

Actualmente, las marchas del Orgullo en Puebla son mucho más que una celebración. Son el reflejo de una historia construida por generaciones de personas que decidieron organizarse para exigir respeto, igualdad y dignidad. Una lucha que comenzó en pequeños espacios de resistencia y que, 25 años después, sigue avanzando entre consignas, banderas y nuevas causas por defender.

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