
Aunque puedan parecer dos extraterrestres en un pequeño submarino, lo cierto es que se trata de una de las especies más extrañas de las profundidades marinas, uno de esos animales que le dio dolor de cabeza a más de un especialista que intentó descifrar su naturaleza por primera vez.
El pez de ojos tubulares, o también conocido como pez ojos de barril, probablemente es una de las especies más sorprendentes en los abismos marinos, especialmente por su particular anatomía que le ha desarrollado un par de ojos grandes y verdes al interior de una cúpula viscosa y transparente.
Fue descubierto inicialmente a finales de los años 30’ s por el biólogo marino William Capman, sin embargo, debido a las limitaciones tecnológicas los estudios sobre su curiosa anatomía se vieron limitados a observar un pez extraño, pero no más allá. Sin embargo, fue en 2009 que gracias a la creación de cámaras que permitieron el registro en tiempo real de la vida subacuática, los investigadores Bruce Robinson y Kim Reisenbichler lograron capturar la verdadera esencia de esta especie marina.
Aunque a primera vista pareciera tratarse de un par de pequeños alienígenas operando un submarino diminuto, lo cierto es que se trata de un pez cuya cabeza es recubierta por una especie de tela acuosa que guarda en su interior un par de ojos saltones que le permiten a este pez adaptarse a entornos de oscuridad profunda del Océano Atlántico, y que llegan a medir hasta 15 centímetros.
En la región marítima que se extiende entre el océano Atlántico, Índico y Pacífico, a más de 600 metros de profundidad navega el pez de ojos tubulares, los cuales se destacan principalmente por un intenso verde que están protegidos por una capa protectora llena de líquido y que conforma esa cúpula que cubre la cabeza del animal.
Sin embargo, ese color verdoso tan característico es tiene un propósito imprescindible para esta especie, ya que este se origina como un pigmento especializado que, de algún modo funciona como un par de gafas biológicas de visión nocturna para filtrar la poca luz solar que llega a las profundidades desde la superficie. De este modo, el pez ojos de barril enfoca su vista para distinguir a sus presas a través de su brillo bioluminiscente.
Usualmente sus presas son más pequeñas que él y se ha descubierto que tienden a ser muy precisos en la caza de alimento, especialmente porque, aunado a su vista cuenta con dos orificios frontales en su rostro que le permiten usar su olfato. En este sentido, basa su dieta comúnmente con zooplancton, así como crustáceos y algunas medusas.
Y, aunque en fotografías aparenta un tamaño amenazante, lo cierto es que estas especies de pez suelen alcanzar, como mucho, los 15 cm de largo. Sin embargo, en ese pequeño cuerpo posee una estructura interesante que le ayuda a sobrevivir en un lugar que, por la presión, es aproximadamente equivalente a soportar el peso de 60 elefantes apilados sobre ti -¡Aumenta con la profundidad!-.
Desde aletas grandes y planas que les permiten permanecer inmóviles en la densidad del agua hasta que llega el momento adecuado para iniciar su nado, así como una boca que le brinda la precisión necesaria para capturar a sus presas; además cuenta con un sistema digestivo muy grande que le permite almacenar a sus presas más grandes.
El pez ojos tubulares es uno de los ejemplos de los misterios que guarda el planeta para nosotros y en suma nos demuestra que la riqueza de la Tierra es única y, aunque parezca sacada de una película de ficción o proveniente del espacio exterior, probablemente no encontremos algo parecido en otro sitio del universo. ¿Qué otras sorpresas biológicas piensas que resguardan las profundidades oceánicas?