Durante la noche del 15 de septiembre, las mesas de todo el país se transforman en el escenario de un auténtico festín cultural. Más allá del ambiente festivo, el banquete patrio representa un encuentro con la historia de México. Aunque la variedad gastronómica es inmensa, tres opciones se han consolidado como los contendientes definitivos de esta gala culinaria: el pozole, el chile en nogada y las tostadas. Cada uno de ellos resguarda un origen único que explica por qué, año con año, se coronan como los favoritos para celebrar el Grito de Independencia.
¿Qué platillo puede llevarse el podio como el más querido en las fiestas patrias?
El Pozole
Se posiciona como el gigante de la tradición ancestral, un indiscutible pilar de la cena patria. Su nombre proviene del náhuatl pozolli, que significa “espumoso” o “hervido”, haciendo alusión al aspecto que toman los granos de maíz cacahuazintle al hervir y abrirse en forma de flor. En la época prehispánica, el pozole era un platillo sagrado de carácter estrictamente ritual, se preparaba únicamente para los emperadores y los altos sacerdotes en ceremonias dedicadas a Xipe Tótec, deidad de la fertilidad y la agricultura. No obstante después de la conquista española, la receta experimentó un profundo cambio: los ingredientes rituales se sustituyeron por carne de cerdo y de pollo, incorporando además especias, lechuga, una variedad de chiles y otros añadidos como el rábano o el aguacate, que moldearon las versiones roja, blanca y verde que conocemos hoy en día.
Esta evolución derivó gradualmente en una naturaleza más comunitaria y que refleja la cultura alimenticia del lugar en el que se prepara, pues con el paso del tiempo este platillo tan generoso se consolidó como un platillo típico con cuna en distintos estados como Jalisco, Guerrero, Michoacán, Colima y Nayarit, donde se le añaden hasta mariscos e incluso en Sinaloa donde la carne de jabalí es una de las más acostumbradas. Además, su preparación se ha ido orientando a un guiso para compartir en grandes porciones y a un precio accesible. Su calidez y aroma simbolizan la hospitalidad y la unión de las familias mexicanas en su máxima expresión.
El Chile en Nogada
Emblema de la elegancia barroca, el chile en nogada no solo es un manjar de la alta cocina, sino también un documento histórico comestible que narra el nacimiento del México independiente, pues, aunque los orígenes de este platillo no son tan claros, la versión más aceptada es que nació en el año 1821 en el estado de Puebla. La tradición histórica relata que las monjas agustinas del Convento de Santa Mónica crearon esta obra de arte culinaria para celebrar la firma de los Tratados de Córdoba y el santo de Agustín de Iturbide, comandante del Ejército Trigarante. Las religiosas seleccionaron ingredientes locales de temporada como la nuez de Castilla, la granada y el chile poblano para recrear de manera exacta los tres colores de la bandera del ejército libertador: verde, blanco y rojo.
Sin embargo, más allá de la leyenda, el chile en nogada es uno de esos platillos que evoca el orgullo mexicano no sólo en sus sabores, sino en su inconfundible emplatado. Además, su temporada de cosecha coincide perfectamente con los meses de agosto y septiembre, convirtiéndolo en la joya de la corona, sofisticada y monumental, para vestir de gala la mesa durante las fiestas patrias.
Las Tostadas
Un antojito lleno de sabor y la versatilidad, las tostadas representan la creatividad de la cocina cotidiana, transformando un método de conservación prehispánico en una de las mayores delicias sobre casi cualquier mesa mexicana. Su origen se remonta a las culturas mesoamericanas, donde las tortillas de maíz se dejaban secar al sol o sobre el comal hasta que perdían su humedad y se volvían rígidas. Esto permitía conservar el grano por mucho más tiempo sin que se descompusiera. Con la llegada de los ingredientes europeos, las tostadas evolucionaron gracias al uso de la manteca para freírlas, abriendo paso a la adición de cremas, quesos y guisados tradicionales como la tinga de pollo, la pata o el picadillo.
En las verbenas y cenas del 15 de septiembre, las tostadas aportan el equilibrio y el dinamismo perfecto para cualquier cena, pues su versatilidad no sólo radica en la cantidad de ingredientes que puedes integrar sobre ellas, sino en lo bien que puede llevarse con otros guisos como el mismo pozole. Su presencia es una de las más entrañables e interacción a la cena, permitiendo que cada comensal personalice su plato a través de: “Pásame la crema”, “Pásame el queso” “Échame los frijolitos” o “Échame otras cinco”.
El pozole aporta la raíz prehispánica; el chile en nogada, el patriotismo hecho manjar y las tostadas, una festiva versatilidad. Juntos, más que competir en popularidad, estos tres platillos se complementan para demostrar por qué la gastronomía mexicana es Patrimonio Cultural de la Humanidad, haciendo de cada bocado un recordatorio de nuestra historia. ¿Cuál es tu favorito?