David Pablos, Osvaldo Sánchez y Víctor Prieto estuvieron entre los ganadores de una noche en la que la cinta conquistó seis estatuillas
HUMBERTO VÁZQUEZ
Seis de 13. Ese fue el saldo con el que En el camino cerró su paso por la edición 68 de los Premios Ariel y se convirtió en la película más galardonada de la noche. La cinta dirigida por David Pablos conquistó Mejor película y encabezó una cosecha que incluyó Mejor dirección, actor, coactuación masculina, revelación actoral y fotografía, superando por una estatuilla a Autos, mota y rocanrol, de José Manuel Cravioto, que obtuvo cinco.
Fue una noche especialmente significativa para tres nombres vinculados a la película: David Pablos, Osvaldo Sánchez y Víctor Miguel Prieto Simental. David Pablos obtuvo Mejor Dirección por una película que se adentra en las carreteras del norte de México y en un universo dominado aparentemente por códigos masculinos rígidos para contar una historia de deseo, violencia, afecto y libertad. El premio fue compartido con Pablo Pérez Lombardini, director de La reserva, debido a un empate en la categoría.
“No estaría aquí si no fuera por mi equipo” –expresó Pablos durante su discurso. El realizador agradeció especialmente a los actores que confiaron en él y a la productora, Inna Payán, por respaldar una historia sobre la que, reconoció, alguna vez llegó a preguntarse si encontraría espectadores. El recorrido internacional de En el camino tampoco ha terminado. La película fue elegida para representar a México en el proceso rumbo a una posible nominación al Oscar a Mejor Película Internacional, por lo que todavía deberá superar las siguientes etapas de selección.
Uno de los reconocimientos centrales de la noche fue para Osvaldo Sánchez, quien ganó Mejor actor por su personaje de el Muñeco, un trailero cuya relación con Veneno permite que la película desmonte poco a poco la imagen de dureza asociada a ese universo. “Esto es un reconocimiento a toda mi carrera” –expresó Sánchez al recibir el Ariel. El actor agradeció a quienes lo han acompañado a lo largo de su trayectoria, actores, directores, productores, familiares, amigos y amores, de hecho, reservó uno de los momentos más personales de su discurso para su hija: “Te amo”. Su personaje también representa uno de los ejes de la propuesta de Pablos: colocar frente a la cámara masculinidades y personajes gays alejados de los modelos hegemónicos, habitantes de espacios periféricos que pocas veces protagonizan las historias del cine mexicano.
En En el camino, la rudeza de los tráileres, el desierto, las cachimbas y las carreteras convive con algo aparentemente incompatible con ese paisaje: la ternura. Para Víctor Miguel Prieto Simental, la noche tuvo otro significado. Su interpretación de Veneno le dio el Ariel a Mejor revelación actoral y convirtió en realidad una carrera que comenzó lejos de los sets cinematográficos. Antes de dedicarse a la actuación, Prieto se formó como ingeniero electromecánico. Al recibir el premio, el actor dedicó uno de los momentos más emotivos de la ceremonia a su madre: “Que sepa que la amo, la extraño, esto es para ella” –expresó. Prieto también mencionó a su esposo, quien lo acompañaba durante la gala, dando a su discurso una dimensión personal acorde con una película que ha colocado la diversidad sexual y las relaciones afectivas fuera de los modelos convencionales en el centro de la conversación.
A los reconocimientos para Pablos, Sánchez y Prieto se sumaron el Ariel a Mejor Coactuación masculina para Mariano López Sosa y el de Mejor fotografía para Ximena Amann, además del premio principal de la noche: Mejor película. Así, En el camino cerró con seis estatuillas y se convirtió en la producción más premiada de la edición 68.
Entre el resto de los ganadores estuvieron Diana Sedano como Mejor actriz por Juana; Ángeles Cruz como Mejor coactuación femenina por Las locuras; La reserva como Mejor ópera prima; La libertad de Fierro como Mejor largometraje documental, y Soy Frankelda como Mejor largometraje de animación. La ceremonia también marcó el regreso de los Ariel a la Ciudad de México, con los Estudios Churubusco como escenario y la celebración de los 80 años de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.
Pero sin duda, la película que salió fortalecida de la noche fue En el camino: Una historia que llevó las carreteras, los tráileres, las masculinidades periféricas y la diversidad sexual hasta el escenario más importante del cine mexicano. Esta vez, la carretera terminó con seis Arieles.