Guillermo del Toro, Gael García Bernal y Elpidia Carrillo llevaron las causas sociales al Festival de Cine de Morelia, donde también tuvieron presencia las demandas de madres buscadoras y las voces en apoyo a Palestina.
HUMBERTO VÁZQUEZ
Las alfombras rojas, los estrenos y los encuentros con grandes figuras del séptimo arte no fueron los únicos protagonistas de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Actores, directores y documentalistas aprovecharon el encuentro cinematográfico, que se celebra del 16 al 25 de octubre, para visibilizar problemáticas sociales que van desde la contaminación del agua y la defensa de los migrantes hasta la libertad de expresión y la exigencia de justicia para las víctimas de violencia.
Uno de los momentos más significativos ocurrió durante la participación de Guillermo del Toro, quien acudió al festival para conmemorar los 20 años de El laberinto del fauno. Durante una presentación en el Teatro Mariano Matamoros, el director escuchó a estudiantes que denunciaron problemas de contaminación del agua potable en Guadalajara, su ciudad natal. El cineasta les cedió el micrófono, respaldó su exigencia y apoyó una recolección de firmas, al considerar que los espacios culturales también deben servir para expresar las preocupaciones ciudadanas.
Por su parte, Gael García Bernal defendió el cine documental como una herramienta para cuestionar la realidad y denunciar injusticias. Durante la presentación de las actividades de Ambulante, organización de la que es cofundador, el actor advirtió sobre la importancia de proteger la libertad de expresión y promover producciones independientes capaces de abordar problemas sociales. El encuentro también sirvió para anunciar un apoyo de 100 mil pesos destinado a la finalización de un documental.
La actriz mexicana, Elpidia Carrillo, también llevó un mensaje social a Morelia con Solidarity, película dirigida por Dustin Brown que retrata las dificultades de dos trabajadores migrantes en Estados Unidos. Durante su participación, la protagonista cuestionó la estigmatización de quienes abandonan sus países para buscar mejores oportunidades y sostuvo que migrar no constituye, por sí mismo, un delito. La producción también aborda las diferencias culturales y las condiciones laborales que enfrentan las comunidades migrantes.
Las madres que exigen justicia por los feminicidios también encontraron un espacio en el festival. La activista Lorena Gutiérrez participó con Querida Fátima, documental colectivo que reconstruye su lucha por obtener justicia tras el asesinato de su hija. En el marco de su exhibición se anunció una intervención pública con siluetas de mujeres para recordar a las víctimas y visibilizar la exigencia de sus familias. La película forma parte de la competencia de documental mexicano.
La situación de Palestina también estuvo presente. Durante la inauguración, manifestantes acudieron con mantas para exigir el cese de la violencia en ese territorio, mientras que la cineasta mexicano-palestina Colette Ghunim presentó Traces of Home, documental que recupera la historia de su familia, marcada por el desplazamiento palestino de 1948 y experiencias de violencia en México. Su trabajo propone una reflexión sobre la memoria, el exilio y las heridas que atraviesan distintas generaciones.
Estas expresiones muestran distintas formas de vincular el cine con las causas sociales. Algunas surgieron de declaraciones públicas de figuras reconocidas; otras, de películas documentales y acciones de colectivos que aprovecharon la presencia de medios y profesionales de la industria cinematográfica.
Así, además de celebrar la producción nacional e internacional, el Festival de Morelia abrió espacios para discutir problemas que trascienden las pantallas. Desde la defensa de derechos hasta las historias de quienes buscan justicia, el encuentro dejó ver cómo el cine puede funcionar también como una plataforma de denuncia, memoria y conversación pública.