
“Defender la tierra es defender la vida.”
Samir Flores Soberanes
Cada 5 de junio, en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, solemos hablar de bosques, ríos, animales y ecosistemas. Sin embargo, pocas veces volteamos a ver a quienes dedican su vida a protegerlos. En México, ser ambientalista no solo significa sembrar árboles o promover el reciclaje; para muchos, ha significado enfrentar amenazas, desplazamientos, violencia e incluso la muerte.
Según organizaciones ambientales, más del 70% de los ataques contra defensores del medio ambiente en México ocurren en comunidades indígenas y rurales, precisamente donde se encuentran algunos de los ecosistemas más importantes del país.
México es uno de los territorios con mayor biodiversidad del planeta. Sus selvas, montañas, desiertos, manglares y bosques son hogar de miles de especies y sostienen la vida de millones de personas. Por ello, la labor de quienes defienden estos espacios resulta fundamental. Son mujeres y hombres que entienden que proteger la naturaleza también es proteger el agua que bebemos, el aire que respiramos y el futuro de las próximas generaciones.
Uno de los casos más emblemáticos es el de Irma Galindo Barrios, guardabosques mixteca de Oaxaca que dedicó su vida a denunciar la tala ilegal en los bosques de San Esteban Atatlahuca. A pesar de las amenazas, el incendio de su vivienda y el desplazamiento forzado de comunidades enteras nunca dejó de alzar la voz. Su desaparición en 2021 sigue siendo una herida abierta para quienes luchan por la conservación ambiental y los derechos de los pueblos indígenas. Su historia recuerda que los bosques no solo son árboles: son identidad, cultura y vida para comunidades enteras.
Por otro lado, el caso de Abisaí Pérez Romero, periodista e investigador ambiental hallado sin vida en Hidalgo mientras documentaba los impactos sociales y ecológicos de grandes proyectos de infraestructura en el Valle del Mezquital. Su trabajo representaba el compromiso de informar sobre temas que afectan directamente a las comunidades y al entorno natural. Su muerte encendió alertas sobre los riesgos que enfrentan quienes investigan y denuncian problemáticas ambientales.
La bióloga Nora Patricia López León dedicó su carrera a la conservación de especies emblemáticas de México, particularmente a la reproducción de la guacamaya roja en Chiapas. Su asesinato en Palenque conmocionó al sector ambiental y recordó que la protección de la fauna también requiere personas comprometidas, preparadas y valientes que trabajan todos los días para evitar la desaparición de especies que forman parte de nuestro patrimonio natural.
Otro nombre que permanece en la memoria colectiva es el de Samir Flores Soberanes, comunicador comunitario y defensor del territorio en Morelos. Su lucha estuvo enfocada en la defensa de la tierra, el agua y los derechos de los pueblos originarios frente a proyectos que consideraba una amenaza para sus comunidades. A más de siete años de su asesinato, su legado continúa inspirando movimientos sociales que buscan justicia ambiental y respeto a los territorios indígenas.
Pero ellos no son los únicos. La historia reciente también guarda los nombres de Homero Gómez González, quien dedicó su vida a la conservación de los bosques donde hiberna la mariposa monarca; Miguel Ángel de la Torre Loranca, Eugenio Roy Martínez Pérez y muchos otros hombres y mujeres que enfrentaron riesgos por proteger el patrimonio natural de México. Sus nombres representan a cientos de defensores que, lejos de los reflectores, trabajan diariamente para conservar ecosistemas, especies y territorios.
En este Día Mundial del Medio Ambiente, la mejor forma de honrar su memoria es comprender que la naturaleza no se defiende sola. Detrás de cada bosque conservado, cada río protegido y cada especie rescatada, hay personas que decidieron actuar cuando otros permanecieron en silencio.
Recordarlos es reconocer que el cuidado del medio ambiente no es una tarea exclusiva de activistas o especialistas; es una responsabilidad compartida que define el futuro de México y del planeta.
Porque cuando un ambientalista defiende un árbol, una montaña o una especie, está defendiendo la vida de cada habitante de la Tierra.