
El fútbol guarda pasiones, historias y leyendas que fluyen entre la afición y que se atestiguan en medio del campo de juego. Cada Club tiene su propio folclor, y ha recibido con brazos abiertos a personajes que han dejado legado o, cuando menos, algo de qué hablar.
Esta ocasión, como parte de la celebración de la justa amistosa entre España y Perú en Puebla, vale la pena recordar algunas de las figuras más importantes que han pisado también el Cuauhtémoc y que, además formaron parte importante en la época dorada de La Franja poblana.
Ricardo “La Changa” Álvarez
Conocido ampliamente en la historia del club como el máximo goleador del Club de Puebla y uno de los pioneros tras la fundación del bloque talavera. Antes de comenzar su trayectoria con los camoteros, Álvarez se desempeñó como jugador amateur en el entonces Moctezuma de Orizaba en su natal Veracruz.
Fue con este equipo jarocho fundado por trabajadores del sindicato de una cervecera homónima del club, que comienza a dar sus primeros indicios como un as de las anotaciones. Pues fue en un enfrentamiento contra los mismos camoteros que, ya bien calado tras su primera contienda importante, arremetió con hasta 17 anotaciones, de los cuales uno de ellos se coló al arco de La Franja.
Al observar su desempeño, Puebla FC lo fichó como uno de los perfiles más fuertes para formar parte del bloque camotero. No obstante, con su integración no sólo dejó boquiabierto al cuerpo técnico, sino también a la afición, tras una aplastante victoria 8-0 ante el extinto Club Marte.
Sólo el inicio de su contundente conteo de puntos, pues para la temporada de 1945 cruzó la meta 25 ocasiones, 19 más para la temporada del 1947 y 21 anotaciones añadidas al llegar la temporada de 1949 al ‘52. No obstante, esta última representó a su vez un cierre inesperado para su carrera, retirándose del equipo, y posteriormente de la cancha, pero ratificando su presencia como un máximo referente en el Club.
En la historia recuperada por el diario “La Crónica, Puebla” se habla de un Ricardo siempre humilde ante el escenario futbolístico. Se cuenta que aún después de cada sesión de entrenamiento con la formación talavera seguía el día con su jornada de trabajo detrás de un taxi.Y cuando hubo salido del campo de juego, continuó como entrenador en un barrio de la Ciudad de Puebla, donde instruyó a ligas amateur, especialmente del sector obrero.
A través de su trayectoria y con un récord de 87 goles alrededor de 5 años anotaciones que lo posicionaron como uno de los máximos goleadores en la historia futbolera de México y una leyenda que esculpió los primeros pasos de La Franja.
Jorge “El Mortero” Aravena
Chileno de nacimiento pero poblano de corazón. “El Mortero” Aravena Se consolidó como uno de los mediocampistas más destacados en la historia del club camotero. Considerado por muchos como el mejor jugador de La Franja en toda su historia.
A pesar de esto, el astro de la Franja no tuvo inicios tan destacados, al contrario, en su incursión al balompié en su contexto social, fue juzgado ampliamente por su desempeño en el campo, manteniéndolo como un elemento que “no servía para este deporte”. Aunque estos comentarios pudieron diezmar su convicción, Aravena los tomó como una fuente de impulso y con disciplina, a través del tiempo, descubre y comienza a trabajar sus puntos de fortaleza como mediocampista. Un disparo zurdo certero y con potencia.
Después de años trazando su trayectoria futbolística, tras formar parte de las filas de Valladolid en España, el mediocampista finalmente llega a Puebla para integrarse a la alineación talavera, como una recomendación por parte del cuerpo técnico, encabezado entonces (1988) por Pedro García, connacional del deportista.
Desde su integración a La Franja el chileno se desenvolvió como pez en el agua manteniendo buena sinergia con sus compañeros poblanos, donde batió récords tan sólo en su primera temporada con el club mexicano. Olímpicos, a tiro libre y hasta de famosa chilena, “El Mortero” era preciso y sabía sacarle provecho a sus fortalezas desde su posición, librando trayectorias casi kilométricas que llegaban la red del arco contrario, algunos de ellos en contienda contra Monterrey y uno más en el mismísimo Estadio Azteca, en un partido contra el América.
Con su desempeño en la cancha y su estilo preciso, pronto Aravena se ganó el cariño de la afición y del Club Puebla, algo que subió con creces tras coronar con Puebla el Campeonato de copa de 1990, consolidándose campeonísimo en ese mismo año en el Coloso de Maravillas. Más de veinte goles por temporada fueron su respaldo.
No obstante, a pesar de su posterior retiro y salida del bloque camotero, el chileno sentiría el latir del blanquiazul y la franja recorriendo su pecho, llevándolo a perfilarse como entrenador del Puebla FC alrededor del año 2005, demostrando que su talento no sólo fue fruto de disciplina en la cancha, también en la mente. Llevando a la entonces liga poblana a ganar la liga de ascenso.
Pablo Larios “El Portero de la Selva”
De chalán en las obras a portero titular mundialista, una muralla en el arco y más poblano que Morelense, al menos sobre el sendero que trazó en su carrera futbolística con el Puebla FC. Originario de Zacatepec Morelos, fue conocido como “El Arquero de la selva” por su característica flexibilidad y habilidad para atajar los tiros rivales.
Cuando se habla de Larios Iwasaki, no sólo Puebla, sino la historia nacional del balompié lo aclaman como uno de los guardametas más destacados del país. Iniciándose desde la infancia, Pablo desarrolló una habilidad y una determinación bien consolidadas que lo perfilaron como un portero de renombre en equipos como el Cruz Azul, los Toros de Neza, el Club Zacatepec y con “La Franja” poblana.
Tras su llamado por Manuel Lapuente en 1989, el morelense demostró contar con cualidades futbolísticas más que suficientes para desempeñarse para la agrupación de talavera, recibiendo en el arco al menos 243 goles en más de 190 juegos.
Su desempeño, a pesar de formar parte de la segunda división, lo llevó a ser convocado por Bora Milutnovic en el marco del Mundial de 1986 en territorio mexicano. Participando de la copa del mundo y alcanzando los cuartos de final tras su derrota ante Alemania después de las rondas de penales. No obstante, a pesar de ello, fue considerado como el arquero con menor número de anotaciones más allá del arco, ratificando su posición como un guardameta amurallado. Posteriormente sería reconocido incluso por el exportero Jorge Campos, como uno de los mejores jugadores en la historia de México.
No obstante, tras su retiro, Larios cruzó un yermo cargado de complicaciones, con el fallecimiento de su familia más cercana, que lo llevaron a un pozo imbuido en el pesar y las adicciones, a través del cual tuvo que someterse a cirugías por las afectaciones derivadas del consumo de estupefacientes, así como un proceso de recuperación emocional y de salud. Cuando logró salir de aquel abismo, “El portero de la Selva” dedicó parte de su vida a construir redes de apoyo para jóvenes, con el propósito de evitar su incursión en las adicciones.
La leyenda finalmente falleció en enero de 2019 por complicaciones de salud derivadas de una parálisis intestinal. Larios nunca negó su ascenso en la cancha y su posterior descenso en las drogas, no obstante, eso nunca lo detuvo de subir peldaño a peldaño el abismo en el que se encontraba. Hoy día es recordado como un deportista integral, destacable y, finalmente, uno de los más humanos en la historia del Fútbol Mexicano.