María del Carmen Abascal Martín, fue una mujer madrileña de 87 años con movilidad reducida, que se convirtió en un símbolo de lucha dentro de la nación española. Pero, ¿cuál es su historia?
EMILIANO RUIZ
Maricarmen era una jubilada que residía en un piso modesto en Madrid bajo el régimen de renta antigua, un tipo de contrato de alquiler que protegía a los inquilinos de incrementos desproporcionados a cambio de una ocupación a largo plazo. Vivía con ingresos fijos y dependía de la comunidad vecinal debido a sus problemas de salud. No obstante, a pesar de llevar una vida tranquila el tiempo llevó hasta ella un furtivo giro cuando la propiedad de su edificio cambió de gestión.
El conflicto comenzó cuando un fondo de inversión inmobiliario adquirió el inmueble donde ella vivía. Fue entonces que la nueva administración alegó la extinción legal de su contrato histórico para actualizar el costo del alquiler a los precios actuales del mercado madrileño. La empresa exigió a Maricarmen un incremento de renta completamente inasumible para su pensión; ante la imposibilidad de pagar las nuevas tarifas, el fondo inició un proceso judicial de desahucio. No obstante, a pesar de la resistencia de colectivos sociales, de sus vecinos y de activistas por el derecho a la vivienda que intentaron frenar la orden judicial, el 23 de septiembre de este 2026, el desalojo se ejecutó, dejando a una mujer de la tercera edad fuera de su hogar de toda la vida y encauzando su presencia al Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, lugar en el que pasó sus últimos días de vida.
El caso de Maricarmen incluso llegó hasta la Organización de las Naciones Unidas, quien exhortó al gobierno español a tomar cartas en el asunto para suspender el desalojo hasta resolver la situación. En este escenario el gobierno de Pedro Sánchez aprobó en el Consejo de Ministros dos decretos para intentar frenar estas medidas de desalojo hasta 2030, y buscar la posibilidad de devolver su anhelado hogar a la mujer. Sin embargo, pese al esfuerzo, el Congreso español rechazó ambas iniciativas, días antes del fallecimiento de Maricarmen.
La imagen de una mujer de 87 años siendo expulsada de su casa generó una ola de indignación masiva que trascendió la capital y resonó en toda España. Maricarmen no sólo personificó la vulnerabilidad de la vejez frente a escenarios de despojo, sino que su fallecimiento al poco tiempo del desahucio —atribuido por colectivos sociales al deterioro de su salud por el estrés del proceso— encendió definitivamente las protestas en las principales ciudades del país.
Su nombre se convirtió en la bandera de un movimiento ciudadano que exige reformas legales urgentes, la regulación de los precios del alquiler y una mayor protección para los inquilinos vulnerables. Su caso obligó a los partidos políticos a debatir la reforma de las leyes de vivienda y demostró que la crisis habitacional en España ya no solo afecta a los jóvenes, sino que amenaza directamente la dignidad de sus ciudadanos de la tercera edad.