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Entre cocodrilo, escamoles y quesos europeos: así es el Mercado de San Juan

Entre cocodrilo, escamoles y quesos europeos así es el Mercado de San Juan

“Es una visita obligada”, “puedes encontrar de todo” y “es el lugar para degustar lo mejor de la Ciudad de México”. Esas son algunas de las opiniones que más se repiten entre los viajeros que recorren el Mercado de San Juan, un sitio que, más que un mercado, se ha convertido en un destino gastronómico por derecho propio. Quienes lo visitan destacan la frescura de sus productos, la enorme variedad de ingredientes y la posibilidad de probar sabores que difícilmente se encuentran en otro lugar de la capital.

En una ciudad donde existen cientos de mercados públicos, el de San Juan logró construir una identidad única. Mientras otros son reconocidos por sus antojitos o por la venta de frutas y verduras, este espacio ubicado en el Centro Histórico apostó por convertirse en el punto de encuentro de chefs, cocineros, restauranteros, turistas y curiosos que buscan ingredientes fuera de lo común.

Su fama comenzó hace varias décadas gracias a la comercialización de productos gourmet e importados. Hoy es posible encontrar desde una amplia selección de quesos europeos, embutidos artesanales y carnes frías hasta especias internacionales, aceites, conservas, pescados y mariscos poco habituales en los mercados tradicionales mexicanos. La calidad de sus proveedores y las relaciones de largo plazo entre comerciantes y productores han contribuido a consolidar su prestigio entre profesionales de la gastronomía.

Pero si hay algo que convirtió al Mercado de San Juan en una leyenda urbana es su oferta de alimentos considerados “exóticos”. Entre sus pasillos pueden encontrarse insectos comestibles como chapulines, chicatanas, escamoles y gusanos de maguey, además de carnes poco comunes como cocodrilo, jabalí, venado, búfalo o avestruz, siempre sujetas a la regulación correspondiente. Esa combinación de ingredientes tradicionales con productos difíciles de conseguir ha despertado la curiosidad tanto de visitantes nacionales como extranjeros.

Sin embargo, reducir este mercado únicamente a las carnes exóticas sería quedarse con una pequeña parte de la historia. También es uno de los mejores lugares para descubrir la enorme diversidad gastronómica del país. En sus locales conviven ingredientes mexicanos de alta calidad con productos provenientes de distintas partes del mundo, lo que permite recorrer diferentes cocinas sin salir de un mismo edificio.

La experiencia tampoco termina en las compras. A diferencia de muchos mercados donde únicamente se adquieren insumos para cocinar en casa, aquí numerosos puestos preparan los productos al momento. Es posible sentarse frente a una barra y probar mariscos frescos, tablas de quesos, tapas españolas, ceviches, baguettes, cocina peruana o especialidades elaboradas con ingredientes que apenas unos metros atrás siguen exhibidos en los refrigeradores y vitrinas.

Su historia también ayuda a explicar por qué este sitio es tan diferente. El actual edificio fue construido en la década de 1950 sobre los antiguos terrenos de la cigarrera El Buen Tono y con el tiempo evolucionó de un mercado tradicional a uno especializado en alimentos gourmet. Posteriormente, la llegada de productos internacionales y el interés creciente de cocineros profesionales fortalecieron su reputación como uno de los centros gastronómicos más importantes del país.

Hoy, recorrer el Mercado de San Juan es viajar entre aromas, idiomas, recetas y culturas. En un mismo pasillo conviven ingredientes europeos, asiáticos y mexicanos; comerciantes que conocen la historia de cada producto; cocineros que preparan platillos frente al cliente; y visitantes que llegan con la misma intención: descubrir por qué este mercado sigue siendo uno de los secretos mejor guardados (y al mismo tiempo más famosos) de la Ciudad de México.

Quizá por eso, después de tantos años, quienes salen de sus pasillos suelen coincidir en una misma idea: San Juan no solo vende comida. Vende una experiencia que demuestra que la gastronomía mexicana también se construye a partir de la curiosidad, la tradición y la capacidad de sorprender en cada visita.

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