
Preservadoras de la pesca artesanal y protectoras del ecosistema, los diferentes colectivos de pescadoras surgen como una respuesta ante la vulnerabilidad de las poblaciones pesqueras de los litorales del noreste de México, ante la poca visibilidad de las mujeres en estas actividades, así como la importancia de una pesca conciente y en armonía con el medio ambiente.
Pescadoras y pescadores de esta región, se especializan en la recolección de productos del mar en Sinaloa, no obstante, esta actividad se presenta también en comunidades de los estados Sonora y Baja California, centrándose en la captura de moluscos, jaibas y peces. A diferencia de la pesca industrial, la pesca artesanal de este colectivo prioriza el comercio local y el autoconsumo.
No obstante, la pesca artesanal se caracteriza principalmente por su ejecución consciente de las condiciones del entorno natural por lo que los productos del mar que se recolectan suelen ser para comercio local o autoconsumo. Además, algunas pescadoras aprovechan cada parte de sus capturas para la realización de artesanías, algunas de ellas, por ejemplo, utilizando las escamas de los pescados para aretes y collares.
De este modo su economía se diversifica y obtienen un ingreso extra además de la pesca pero, por otro lado, al utilizar lo que para otras personas podría ser considerado un desecho, se obtiene un beneficio también para el cuidado del medio ambiente.
A pesar de estar presentes en las actividades pesqueras, se registra que la mayor parte de la función de las mujeres se ha desempeñado en roles invisibilizados como la limpieza, el empaquetado y la venta, usualmente en presencia de hombres cercanos.
Además, las integrantes de este colectivo han expresado que en un principio, dentro de las cooperativas las mujeres jugaban un papel meramente como un nombre en la lista para obtener subsidios, pues no eran partícipes de las juntas para la toma de decisiones en torno a su entorno socioeconómico.
Ante este escenario, las pescadoras destacaron que el machismo era algo a lo que se enfrentaban en la cotidianidad, pues sumado a la nula existencia que antecediera a mujeres organizadas en estas cooperativas, no eran consideradas para las decisiones.
Ante este panorama donde la pesca se consolidó como un rol masculino, las pescadoras de Sinaloa (según documentó la reportera Astrid Arellano para Mongabay) dieron forma a una de las tres primeras cooperativas femeninas de la entidad. Donde, además de la captura de bivalvos, fueron capacitadas como monitoras comunitarias para recolectar datos biológicos y ambientales clave para el manejo sustentable de los recursos marinos.
De este modo, el papel de las mujeres pescadoras comienza a tomar fuerza, expandiendo además sus acciones a la sensibilización de las y los pescadores sobre lo importante que es llevar una pesca consciente en función del medio ambiente sin la sobreexplotación, pues muchas familias dependen de estos recursos para la subsistencia.
Es a raíz de esta visión que también surgen organismos como La Escuelita de Conservación que es impulsada por diferentes cooperativas de mujeres para fomentar este respeto al mar a niñas y niños a través de actividades lúdicas y talleres que incluye el conocimiento de vedas, manglares y la importancia de humedales. Todos elementos relevantes para la preservación del entorno natural que no sólo se entiende como una fuente de recursos, sino como un espacio en el que se construye comunidad e identidad.
En este sentido, los avances por parte de estos colectivos instauran un cambio en la estructura tradicional de las comunidades pesqueras en Sinaloa. Al pasar de roles secundarios a la toma de decisiones y el monitoreo ambiental, el colectivo no solo busca el reconocimiento de su labor pesquera, sino también asegurar la permanencia de los recursos naturales de los que dependen sus comunidades. Su consolidación marca un precedente en la organización de mujeres dentro de un sector históricamente masculinizado.