
Un desgarro a la economía global, fallas irreparables en sistemas informáticos y dificultad para el ejercicio creativo. Estas podrían ser sólo algunas ideas de posibles consecuencias que podría conseguir la desaparición de una tecnología tan presente como lo es la Inteligencia Artificial (IA).
Actualmente podría ser más sencillo imaginarse un mundo en el que la IA no hubiera existido, sin embargo, un mundo que deja atrás esta tecnología de forma casi repentina puede representar un reto un poco más complejo, debido a la manera en que la IA (aunque no exclusivamente) ha permeado en la vida cotidiana de muchas personas alrededor del mundo.
En campos como el de la medicina su aplicación destaca por su relevancia en la eficiencia en el diagnóstico e investigación. Tan sólo en México, uno de los proyectos que se encuentra en desarrollo pretende aplicar su uso en la identificación temprana de enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión, con el objetivo de tener un mayor control en el desarrollo de las mismas.
Así mismo en diversos ámbitos la IA cumple su función para el análisis de datos a gran escala, modelado, estudio, programación e incluso como una herramienta de pronóstico de posibles escenarios en relación al clima, sin mencionar la existencia de los diferentes asistentes virtuales que hacen de ciertos aspectos cotidianos como encender electrodomésticos, poner música u organizar una agenda, resulten más sencillos de realizar.
La aplicación tan acelerada de esta tecnología ha sido causa de grandes inversiones financieras por parte de empresas que apuestan por el desarrollo de la IA como un modelo viable de negocios y crecimiento. Sin embargo, en los últimos meses han surgido preguntas respecto a la fe, casi a ciegas, que se le otorga a esta apuesta.
Esto se debe principalmente a la presunta falta de estrategias, datos o sistemas que puedan aprovechar plenamente la adopción y desarrollo de la Inteligencia Artificial. Tan sólo Google ha acumulado un valor de mercado de 15 billones de dólares.
Ante este panorama, que apunta al surgimiento de nuevas generaciones que probablemente no observen a la IA como una herramienta más, sino como una parte casi integral de la cotidianidad, y de un aumento en inversiones, que algunos expertos, e incluso el mismo Sam Altman, han catalogado como riesgosas, una caída o desaparición de esta tecnología podría conllevar afectaciones significativas a nivel global.
A palabras de Marcela Tagua, magíster en Procesos Educativos Mediados por Tecnologías la pregunta no gira en torno al “apagón” de estas herramientas, sino en la fragilidad que genera apoyarse demasiado o hasta depender de ellas.
Un apagón inesperado, no sólo podría implicar la pérdida de avances en proyectos cimentados meramente en la Inteligencia Artificial, podría significar la avería en sistemas de casas inteligentes, y así mismo reflejar la pérdida crítica y creativa del pensamiento de todas aquellas personas que han dejado todo al uso de esta herramienta. Sin contar las afectaciones económicas que podría conllevar el repentino cese de una tecnología por la que se han apostado billones.
En este sentido, y aunado a la presente carrera por la IA, se plantea un escenario en el que, incluso si no desapareciera, probablemente dejaría de ser gratuita, lo que generaría no sólo una concentración de la tecnología, sino también un panorama donde personas sin acceso a esta herramienta podrían quedar varados en el desarrollo de proyectos y trabajos, especialmente si nos referimos a un escenario donde, según Tagua “se ha delegado todo el pensamiento en ella”.
La IA es el resultado de avances tecnológicos que, en los últimos años, se han caracterizado por un avance rápido y consistente. Así como por su implementación en diversos ámbitos de la sociedad, desde la educación y el aprendizaje, hasta la medicina.
En este sentido, la Inteligencia Artificial no sólo se ha consolidado como una de las herramientas que ha transformado incluso la forma en la que entendemos a la humanidad a través de críticas, perspectivas y opiniones sobre su uso y aplicación.
No obstante, con este panorama expuesto, vale la pena dirigirnos a la pregunta inicial de todo este planteamiento. Tal vez no será el fin del mundo pero ¿Estamos preparados para vivir en un mundo sin Inteligencia Artificial? ¿Cuáles podrían ser las consecuencias de una repentina falla o desaparición de esta tecnología?