
El corazón de la Ciudad de México guarda un rincón especial, entre calles bulliciosas y edificios que susurran un sinfín de historias, encontramos un lugar que prometía platillos deliciosos, calidez y una experiencia sin igual: el restaurante Rosetta.
Viernes, diez de la mañana, tres mujeres con estómagos hambrientos y ganas de salir de la rutina de la oficina llegamos a la propuesta de la chef Elena Raygadas, quien fue nombrada “Mejor chef femenina del mundo” por la lista The Wordls 50 Best Restaurants, en el 2023.
Pese a que el frío del otoño pegaba en la espalda de todos los que esperábamos mesa, degustamos unas piezas de una de las panaderías mas bohemias de la capital. Tres capuchinos y dos panques de elote fueron los elegidos; estos últimos bien horneados, con un toque de vainilla y con el sabor a México en cada bocado, el delicioso café caliente que amenizaron nuestros estómagos en lo que dieron cuarto para las once y por fin tomamos asiento en la terraza.
Al sentarnos nos recibió el aroma envolvente de los platillos que parecía contar historias con ingredientes frescos. La luz del sol pegaba en las mesas que descansan en la banqueta, la decoración impecable, la agradable música de fondo con un violinista en vivo y el cuidado meticuloso en cada detalle nos hizo saber que estábamos en un lugar auténtico.
Elegimos el exterior para disfrutar de lo que la vida de ese barrio tiene para ofrecer, las personas pasaban con prisa, mientras yo me sumergía en la experiencia que ofrece Rosetta. A mi alrededor había parejas compartiendo risas, amigos brindando por momentos especiales y familias disfrutando de un festín. En ese instante, entendí que Rosetta no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma. Es un espacio donde los vínculos humanos se fortalecen a través de la comida y la calidez del servicio. La atención del personal, siempre sonriente y dispuesto a compartir la historia detrás de cada platillo, me hizo sentir como parte de una gran familia.
El menú, una oda de la cocina mexicana con toques de nuevas propuestas despertó mi curiosidad, decidí dejarme llevar y quince minutos después unos chilaquiles con salsa tatemada, una Caibatta de jamón de pavo con queso de cabra y pesto de avellanas y un estrellado de claras, ratatouille y jocoque, estaban listos en la mesa.
En lo que a mi platillo respecta, la Ciabatta, rellena de jamón de pavo, queso de cabra y pesto de avellanas fue uno de los platillos mas simples y delicios que he probado.
A medida que terminaba mi almuerzo, no podía evitar reflexionar sobre cómo un simple restaurante puede encapsular la esencia de una ciudad tan rica y diversa. Rosetta es un testimonio de la capacidad de la comida para reunir a las personas, crear memorias y celebrar la vida. Salí con el estómago lleno y el corazón rebosante de gratitud, sabiendo que había encontrado un rincón especial en el vibrante corazón de la Ciudad de México.
Definitivamente, volveré. Rosetta no es solo un lugar para comer; es un hogar donde cada visita promete ser una nueva aventura, un reencuentro con la magia de lo cotidiano.