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Origen de los carnavales en México

Origen de los carnavales en México

Carnaval en Veracruz, Carnaval en Mazatlán, Carnaval en Huejotzingo… al menos 200 festividades de este estilo se llevan a cabo al año en las extensiones de la República Mexicana, sin embargo. Aunque los carnavales son eventos que consolidan la identidad y la cultura de cada comunidad, tal vez no tengas muy claro de dónde vienen. Aquí te contamos.

No cabe duda que para el mexicano, el festejo de las tradiciones es casi una obligación, no sólo por compromiso con la comunidad, sino como parte de la identidad que dota del sentido de pertenencia a las comunidades que las realizan. Además, estas fiestas también se consolidan como potenciales fuentes de ingresos económicos para todas las personas locales que participan de su realización y economía.

Cabe mencionar que, aunque cada una de estas tradiciones cuentan con particularidades que se arraigan a cada región y comunidad,  más allá de la música, las máscaras y la celebración, existe un vínculo común que une estos carnavales a pesar de su diseminación alrededor de la República Mexicana.

Según la Enciclopedia Británica, el origen de los carnavales es poco claro, siendo la hipótesis más aceptada como festejos paganos para celebrar el renacimiento o incluso la conclusión de las siembras en invierno.

Así mismo señala que estas celebraciones se remontan a países que habían consolidado la creencia católica-cristiana como parte de su cultura.  En este sentido, igual que el génesis de estas festividades, la proveniencia de la palabra “Carnaval” también es incierta, sin embargo se considera que se origina en la edad del medievo europeo, relacionada a “carnem  levare” o “carnelevarium”, palabras en latín que significan “retirar la carne”.

Sobre la línea de la Enciclopedia Británica, el significado de esta palabra puede estar estrechamente relacionada con el comienzo de la cuaresma, que consiste en 40 días que, en la religión católica, se considera como un tiempo de preparación, reflexión y ayuno, (en algunos casos) antes de la resurrección de Jesucristo, que a su vez, espiritualmente simboliza la renovación de la fé.

Un dato curioso es que este periodo espiritual tiene lugar entre febrero y marzo, fechas en las que la gran mayoría de los carnavales mexicanos (si no es que todos) llevan a cabo su planeación y festejo

Con la llegada del catolicismo a México, estas festividades, como muchas otras tradiciones nacionales comenzaron a tomar matices que concentraban la riqueza cultural amalgamada de aspectos nativos y aquellos que llegaron después de la colonia española. Un ejemplo son las ceremonias  Zoques, originarios de Chiapas, realizadas en honor a tatajima, la esencia del sol, las cuales se organizaban por los diferentes barrios y que solían tener varios días de duración con danzas y, además, el uso de máscaras que personificaban animales y deidades.

Otro elemento característico de los carnavales, y proveniente de los españoles, es la sátira, usualmente dirigida a la autoridad, un factor que, si bien no está descartado de los carnavales mexicanos, podría explicar que dichas tradiciones, aún con las influencias del catolicismo, no son solemnes, sino toda una fiesta que busca involucrar a cada miembro de las comunidades que integran una región.

Así, festividades como El Carnaval del Pan en Tlaxcala; El Carnaval de Huejotzingo, en Puebla; El Carnaval de Veracruz, El Carnaval de Mazatlán, Sinaloa; El Carnaval de Tenosique, en Tabasco; entre muchos otros se cobijan bajo un origen muy similar.

No obstante, cada tradición es única dependiendo del Estado y región en que se lleve a cabo.  El Carnaval de Huejotzingo, por ejemplo se caracteriza por su esencia mayormente militar, con la quema de pólvora  y representaciones emblemáticas, incluídos los hechos del 5 de mayo durante la intervención francesa, preservando mayormente las tradiciones originarias ;mientras que el Carnaval de Veracruz mantiene un enfoque más festivo y dedicado a la danza, la coronación de reinas y reyes del carnaval, así como los característicos carros alegóricos y la quema del “mal humor”, una figura que representa los problemas y todo lo negativo que reside en una comunidad (aquí el pequeño guiño al renacimiento o la renovación y que denota una mayor influencia por la tradición católica).

La singularidades de cada carnaval hacen de estas celebraciones algo único pero con el símbolo de la unidad en ellos, pues todos ellos no sólo se consolidan a través de un mismo origen, sino que tienen su lugar en el imaginario colectivo y la identidad mexicana que, si algo la caracteriza es la diversidad de las y los mexicanos.

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