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¿El espectáculo más político en la historia de la NFL?

¿El espectáculo más político en la historia de la NFL?

“Uno de los peores de la historia” Así fue el show de Bad Bunny en el medio tiempo durante el Super Bowl. O al menos eso es lo que expresó Donald Trump a través de la red social Truth Social. Declaraciones que se contradicen con los 142 millones de espectadores simultáneos, que otorgaron a Bad Bunny el podio del show de medio tiempo más visto, superando a Kendrick Lamar y al mismo Michael Jackson.

Manifestaciones ciudadanas en Minneapolis a causa de las afectaciones efectuadas por el ICE durante uno de los operativos anti migratorios más severos y de gran escala de los últimos meses en Estados Unidos.

Sumado al gradual desplazamiento de comunidades en latinoamérica, teniendo como un ejemplo presente el caso mexicano con el aumento a los costos de vivienda y servicios, suscitada por el establecimiento de población con mayor poder adquisitivo, usualmente extranjeros, así como la creciente presencia de inmobiliarias.

No obstante, las declaraciones de Trump, así como el pronunciamiento de El Conejo Malo en contra del ICE, sólo son una de tantas perspectivas que apuntalan a este espectáculo, probablemente, como uno de los que mayor carga política llevan consigo en la historia de la NFL.

El idioma como resistencia.

Considerado como un show de medio tiempo que alcanzó un hito sin precedentes, el idioma español fue predominante. En un contexto geopolítico, donde redadas migratorias, discriminación, desplazamientos  y gentrificación han marcado no sólo a connacionales mexicanos, sino a la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos.

Para empezar Benito Martínez, no “Bad Bunny”, es el personaje que nos presentan al inicio de la transmisión, un acto que por sí mismo ya siembra un par de pautas claras: el protagonismo del idioma español durante el show; y que el personaje principal, a punto de entrar a escena, no es el cantautor mundialmente reconocido, sino el niño que creció entre las calles de Vega Baja en Puerto Rico.

Por insignificante que parezca, en un escenario sociopolítico donde el inglés se ha consolidado no sólo como una lengua universal, sino casi un requisito para comunicarse en zonas urbanas o regiones turísticas de alta afluencia extranjera, el español permanece como una forma de resistencia ante el desplazamiento que no sólo se vuelve físico, sino también cultural.

Detrás del espectáculo

Por sí misma “La Casita” ya busca representar el regreso a las raíces, y las raíces como un ente inamovible que no sólo dota de identidad, sino que permanece firme como un símbolo de amor, hogar y pertenencia. Destacando la consigna del espectáculo “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, como una constante en el desarrollo de la narrativa propuesta por Benito Martínez.

Aunado a esto, el recorrido que hace el Conejo Malo, hasta llegar a “La Casita”,  no fue sólo un recuento de símbolos, fue una contra-narrativa al desplazamiento que sufren muchos pueblos latinos. Incluso puede considerarse una representación que retrata la recuperación simbólica de aquello que ha sido desplazado, a través del amor y la unidad.

Esta intención se hizo más notoria cuando compartió escenario con Ricky Martin. Juntos interpretaron “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” un tema aluden indirectamente a los estragos del colonialismo.

De este modo, la puesta en escena nos lleva a un desfile de identidad latinoamericana acompañados de Benito Martínez: Desde los cañeros en la zafra; las manicuristas que forman parte de la colorida identidad entre los barrios; puestos de tacos, de cocos, de aguas frescas; hasta el universal ícono del niño durmiendo sobre dos sillas, con el que muchas y muchos se sintieron identificados por tiempos en que las fiestas al amanecer todavía no eran para los más pequeños.

Pero estos no son elementos aislados y, probablemente, tampoco se reducen únicamente a fragmentos culturales que se relacionan a la identidad latinoamericana, sino a un discurso que se complementa con la música, que por sí misma ya forma parte de una contracultura nacida en Puerto Rico alrededor de los años 90’, el Reggaeton.

Ya mencionamos “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, pero el cierre del espectáculo vibró al ritmo de la canción “Debí tirar más fotos”, cuyo álbum no sólo retrata la nostalgia como atmósfera, sino que funge como un canal por el que se critica las mismas problemáticas mencionadas, relacionadas con la gentrificación y el desplazamiento, cerrando con un mensaje de resistencia e identidad.

Con estos precedentes, Bad Bunny da su último recorrido acompañado de las banderas americanas, incluyendo Canadá y Estados Unidos, nombrando en voz alta los diferentes países que conforman el continente de sur a norte, desde Argentina y Puerto Rico hasta llegar a México. Concluyendo con un mensaje de unidad, y denotando que América trasciende las fronteras.

Las críticas posteriores

Este espectáculo dejó de dar de qué hablar y generó opiniones divididas en torno a la coherencia del mensaje transmitido a través de la performance del cantautor. Por una parte, hay quienes han considerado este suceso como un acto que reivindica a latinoamérica y sus habitantes, y casi revolucionario debido a las circunstancias geopolíticas que han marcado la historia contemporánea de América.

No obstante, en un eje distinto, hay quienes han calificado este show como una capitalización de la resistencia. Tomando en cuenta su transmisión a través de uno de los eventos masivos con mayor renombre comercial y considerado como una de las estrategias de márketing más grandes a nivel internacional.

En un sentido más crítico, estas opiniones, muchas observadas a través de redes sociales, señalaron la incoherencia del mensaje argumentando que no es posible llevar un mensaje revolucionario ante las cámaras de una corporación con la que ya se ha pactado la directriz, no sólo del espectáculo, sino del mensaje mismo. En pocas palabras, podría interpretarse a través de una de las frases más icónicas de la escena musical “La revolución no será televisada”, proveniente del poeta y músico Gil Scott-Heron.

A pesar de las implicaciones políticas y dialógicas que ha generado este espectáculo, si bien “la revolución no será televisada”, también es destacable el peso político que las y los artistas cargan a sus espaldas no sólo en sus obras, sino en los medios a través de los cuáles son difundidas, consumidas, comprendidas.

El show de Medio tiempo de Bad Bunny sin duda será para recordar, y dejó una huella en la historia del super bowl, no sólo por romper el récord de espectadores, y por contar con la que puede ser considerada una de las presencias latinas en el mundo del espectáculo con más relevancia e influencia de los últimos años. Sino también por las implicaciones políticas que conlleva la performance de Benito Martinez, en el auge de un contexto internacional que concierne a cada habitante americano, entendiendo a América no como una nación, sino como un continente.

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