
“Soy perversa, malvada, vengativa.
Es prestada mi sangre y fugitiva.
Mis pensamientos son muy taciturnos.”
“Mis sueños de pecado son nocturnos.
Soy histérica, loca, desquiciada;
pero a la eternidad ya sentenciada.”
Pita Amor
Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein, mejor conocida como Pita Amor, nació en la Ciudad de México el 30 de mayo de 1918, en el seno de una familia porfirista europea cuya riqueza se vio afectada con la llegada de la Revolución Mexicana. Hasta el levantamiento del movimiento zapatista, su familia había sido terrateniente de la mitad del Estado de Morelos. Tuvo ascendencia española, alemana y francesa, y fue la menor de siete hermanos.
Durante su adolescencia protagonizó uno de sus más grandes escándalos, al escaparse con su amante José Madrazo, un afamado criador de toros de Aguascalientes, dueño de ganaderías; relación que la acercó más a la elite. Sin embargo, el alma libre de Guadalupe nunca se percibió con una pareja estable, así que terminó dejándolo.
Para su mayoría de edad, vivía rodeada de grandes personalidades, organizando reuniones casi todos los días en un departamento de su propiedad en Rio Duero y Pánuco, a los que asistían literarios reconocidos como Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer, José Revueltas y otros personajes. Pita era conocida por vivir de noche y dormir de día.
Sus cercanos indican que tenía constantes cambios de personalidad y vivía fuera de la realidad, era narcisista, ególatra y tenía un supremo amor propio.
A la edad de 27 años, encontró la poesía, destacaba por su belleza y se convirtió en una mujer estrafalaria, cuyos gustos se centraban en usar vestidos escotados, mantones y capas ostentosas. Fue musa de pintores como Diego Rivera, Juan Soriano, Raúl Anguiano, Martha Chapa, Alfonso Michel, Roberto Montenegro, entre otros.
La angustia, las debilidades humanas y el acercamiento a la figura de Dios Padre y de Cristo, fueron los temas predominantes en al menos treinta libros de su autoría.
Muchas de sus obras constituyeron una encantadora defensa de ella misma y de su arte ante fuertes ataques de otras personas del medio intelectual que aseguraban que no era posible que una mujer joven, bella y extravagante como Guadalupe Amor, escribiera versos.
A los 38 años ya era una poeta reconocida y tuvo un hijo al que no se sentía capaz de criar correctamente, por lo que decidió darlo en custodia a su hermana mayor. Sin embargo, el menor murió ahogado en una pileta a la edad de 1 año 7 meses. Esto trajo como consecuencia que Pita cayera en una depresión profunda. Su vida era silenciosa, aislada, por lo que de 1960 a 1966, no publicó ningún libro, se mantuvo alejada de la prensa, del ambiente artístico y de los personajes que siempre la rodearon. Sin embargo, de su refugio surgió una dedicatoria a su único hijo “Yo lo maté: le di la vida”
En 1972 reapareció con notables problemas físicos y mentales, de ahí en adelante, padeció trastornos no diagnosticados y agudos.
Tras tomar la decisión de salir de esta circunstancia, retomó su trabajo y llevó a cabo la publicación de poemarios como “Fuga de negras” y “Como reina de barajas”, entre otros, aunque estos no recibieron la misma atención de los escritos hechos antes de su encierro.
Entre algunas de las historias más célebres que su sobrina Elena Poniatowska cuenta al recordar a su tía Pita, es cuando aceptó dar un recital en el Ateneo Español y recitó poesía mexicana de Sor Juana Inés de la Cruz y de su propio trabajo. Un hecho histórico.
La década de los 80’s fue el último periodo en el que Amor tuvo producción lirica. Pese a que en 1981 escribió A mi me ha dado en escribir sonetos y Las amargas lágrimas de Beatriz Sheridan, sus últimos años estarían cerca y más adelante Zona Rosa se volvió un refugio para ella, los transeúntes eran impresionados por su extravagancia y temperamento desbordado. Las calles de Génova y Amberes fueron testigos de varios rescates de Pita por parte de Ricardo Pérez Escamilla, Pedro Friedeberg y Wanda Sevilla, quienes actuaban de buena fe llevándola a su hogar.
Guadalupe Amor murió el 8 de mayo del 2000 a los 81 años en la Ciudad de México, tras pasar dos años en cama y en un profundo silencio. Su poesía era su percepción del mundo que la rodeaba, hablando de Dios, la muerte, la soledad, la angustia y la nada. Pese a que no se encuentra físicamente en el plano terrenal, la inigualable Pita Amor sigue viva en cada relato, obra, poema y recital que dejó marcado para la eternidad.