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Amelio Robles, el líder revolucionario Transgénero de la Revolución

Amelio Robles, el líder revolucionario Transgénero de la Revolución

Cuando Amelio nació, en 1889, se le asignó el género femenino, sin embargo, siempre se asumió como hombre y jamás dejo de insistir en ser tratado como tal.

De origen guerrerense, respondía a nombre de Amelia los primeros años de su vida y se caracterizaba por ser una mujer poco común ya que desde joven se sintió atraída por armas y el control de caballos, actividades que social y culturalmente se relacionaban con los hombres.

A la edad de 23 años, en 1912, se unió a la revolución tras el llamado de Francisco I. Madero a la sublevación por medio del Plan de San Luis. Su participación de centró en tareas de mensajería, contrabando de armas y víveres, lucha armada y misiones especiales.

Fue en este momento en donde Amelia dejo en claro que su decisión era que se refirieran a su persona en masculino, comenzó a utilizar ropa considerada para hombres y dijo que se llamaba Amelio.

Al mirar sus fotografías, ciertamente no se diferencia de otros hombres de la época, de acuerdo con Gabriela Cano, investigadora e historiadora, la transición de Amelio se debió a el deseo de dejar una identidad femenina impuesta a una masculinidad deseada. Amelio Robles se construyó una imagen corporal y una identidad social masculina con los recursos culturales a su alcance en un aislado poblado rural mexicano. Con gran habilidad, Robles manipuló a su favor dichos medios culturales: la pose o performance de género, una cultura visual del cuerpo inaugurada por la proliferación de retratos de estudio, y una prensa industrial ávida de noticias sensacionalistas que se interesó y dio legitimidad a la historia del revolucionario zapatista” agregó.

En 1918, tras la victoria de Venustiano Carranza, se convirtió en soldado del Ejercito Mexicano y sus relaciones con altos mandos fue lo que le permitió que su identidad masculina fuera reconocida de forma oficial en las filas militares y entre sus compañeros.

Quien se atrevía a faltarle al respeto, se arriesgaba a ser baleado por el mismo soldado. Mantuvo relaciones sentimentales con diversas mujeres, como Lupita Barrón, sin embargo, formalizó una con Ángela Torres, con quien adoptó a una hija.

La Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) avaló la identidad de genero de Amelio y en 1974 lo condecoró como veterano de la Revolución Mexicana.

En 1984, Amelio murió y pese a empeñarse en ser reconocido como un hombre, cinco años mas tarde, la Secretaría de la Mujer de Guerrero, la Dirección de Culturas Populares del CONACULTA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, abrieron las puertas de un museo llamado Amelia Robles. Además, una escuela primaria en su pueblo natal lleva en su honor el nombre Coronela Amelia Robles. 

De acuerdo con la investigadora Gabriela Cano, autora del articulo “Amelio Robles, masculinidad transgénero en la revolución mexicana”, lo correcto es haberlo reconocido como un hombre transgénero y respetar su derecho a la identidad.

La participación de Amelio Robles en la Revolución deja al descubierto que las personas de la diversidad de genero siempre han estado presentes, siendo partícipes de diversos acontecimientos históricos del país.

 Pese a que Amelio fue finalmente reconocido como un hombre, enfrentó muchas adversidades e incluso sanciones sociales debido a su transición de género.

No debemos olvidar que muchas veces estas mujeres tomaron el aspecto de los hombres para salir adelante, o bien, para defenderse de la violencia sexual. Pese a que Amelia no es el único ejemplo de mujeres que tuvieron que acudir a este aspecto para formar parte de la guerra, la diferencia es que Petra Herrera, Ángela Jiménez, entre otras, regresaron a sus lugares de origen para continuar con su vida como una mujer, cosas que no sucedió con Amelio.  

Finalmente, Amelio fue reconocido y se le respetaron sus preferencias sexuales, pero no todos corrieron con la misma suerte. Manuel Palafox, uno de los revolucionarios que llegaron a tener altos rangos, fue rechazado al dar a conocer su homosexualidad. De acuerdo con Cano, en esa época, ser homosexual era sinónimo a ser afeminado. Esta información nos da a conocer que la representación masculina, siempre ha sido mayormente respetada, no importa si se trataba de un hombre transgénero.

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